domingo, 3 de noviembre de 2019

Normalizar lo que es normal

Soy una mujer que, desde el nacimiento de mi niño, le he alimentado mediante lactancia materna a demanda y eso implicaba (y sigue implicando) el tener que sacarme la teta en el salón de mi casa o en una terraza de una plaza concurrida, subirme la camiseta y desabrocharme el sujetador por los pasillos del supermercado y realizar una serie de acrobacias varias con el niño, el bolso, el carro, (la dignidad) y mis dos bracitos.

Antes de nacer Joel le daba vueltas a eso de amamantar en cualquier sitio, porque si lo iba a hacer lo quería hacer bien, y me preguntaba si llevaría bien eso de sacarme la teta en una cafetería o delante de amigos, siendo yo tan pudorosa en ese tema,



que jamás
 me hubiera planteado hacer topless en la playa de mi barrio, por ejemplo. Y el caso es que en el momento en que comencé a alimentar a mi hijo, las dudas desaparecieron y todo comenzó a fluir de forma natural: era una madre que estaba alimentando a su criatura, no estaba haciendo nada que no hiciera una perra o una gata con sus cachorros, era pura naturaleza. Además, no soy ninguna pionera porque existen muchísimas mujeres que practican y comparten este estilo de crianza a todos los niveles. El caso es que, desde ese primer instante deje de ver mis pechos como algo femenino o sexual, para comenzar a tratarlos como una fuente de alimento de total exclusividad.
Hasta ahí todo bien, no aporto nada nuevo, como ya he dicho, no soy ni la primera ni la última, no estoy haciendo nada extraordinario y la sociedad, a pesar de que se ha amamantado durante siglos y esta misma práctica se ha visto "fea" durante otros tantos años por culpa de esa fase hipócrita y puritana que pasó en su día, parece que ya ve con buenos ojos a una mamá dando teta a su bebé, ¿O no es así?
Hay momentos en los que me vuelvo a hacer esta pregunta: ¿Está la sociedad realmente preparada para normalizar en su totalidad el acto de amamantar en público? Yo creo que no. Y voy a explicar dos ejemplos de ello.
El primero, y es de hace poquito, sucedió mientras mi marido, mi peque y yo hacíamos una ruta de senderismo por un parque natural precioso, el nene ya tenía hambre, sueño o las dos cosas y, como estábamos a mitad de camino, decidí continuarlo con él en brazos y tomando la teta, que se relajara con ese ambiente de naturaleza y con el poder de la succión. En ese momento pasaron caminando y nos adelantaron un niño y su padre, el niño se quedó mirando con una cara de sorpresa, como si hubiese encontrado el escondite de la revista porno de su hermano mayor, y en seguida fue a decirle a su padre, tirándole del brazo, "Mira, mira" y mirando hacia tras, o sea, a mí; el padre debo decir que se vio apurado a encontrarse con la tesitura de su hijo señalando a una desconocida con la teta fuera, puedo entenderlo, pero su reacción fue decirle "Calla" y darle un empujoncito para que siguiera hacia adelante. Yo pienso que en muchos casos no se está educando en la infancia para normalizar la lactancia, ese padre podría haber aprovechado para decirle a su hijo, "Sí, está dándole de comer a su bebé", pero en lugar de eso vetó cualquier explicación, perdió una oportunidad extraordinaria para tener una bonita conversación con su hijo y para aportar más naturalidad al asunto de dar pecho. Puede que muchos niños que reciben este tipo de explicaciones vedadas con respecto al tema crezcan considerando la lactancia como algo que hacer en privado, algo bochornoso al fin y al cabo.
El segundo ejemplo es algo muy generalizado, un compendio de un montón de comentarios que me han hecho muchas veces en la calle, en el parque o en cualquier sitio transitado, que tienen muy buena intención pero que con su sola exaltación ya están tratando el que yo amamante como algo extraordinario: "Nena, muy bien, no hay que esconderse", "Yo haría lo mismo", "Qué bonito dar teta en la calle y a quien no le guste que no mire", "Estás haciendo lo más natural del mundo". Estas frases me las han dicho personas que me he cruzado o que me han visto mientras yo daba teta, personas que yo no conocía de nada y que se habían acercado a decirme todo esto sin que yo se lo pidiera ni plantearse si me molestaría esa interrupción. Está claro que hay una muy buena intención en estas palabras, es un modo de solidarizarse y de decir que están conmigo y me apoyan y me entienden... Pero, si necesito esa solidaridad y ese apoyo es porque lo que estoy haciendo NO ES NORMAL; si me siento en un banco a darle de comer a las palomas, nadie viene a decirme "Qué bonito lo que haces", "Qué bien hecho", etc, etc... Lo normal es que si yo estoy dando teta, la gente que pase por mi lado no me mire de arriba a abajo, pero que tampoco glorifique lo que hago, simplemente que pasen y si me conocen, que me saluden.
Parece mentira pero a estas alturas de la vida, hay tantas cosas que son tan normales por naturaleza que no necesitan justificación, pero a ojos humanos, paradójicamente hay que seguir normalizando porque lo ven como algo ajeno. 
"Normalizar" es un verbo transitivo, "hacer normal una cosa que no lo era o que había dejado de serlo". ¿Cuándo dejó de ser normal amamantar? De eso hace mucho tiempo, pero por lo visto, esa desnaturalización caló tan profundo que, hasta en estos tiempos que nos consideramos todos y todas tan modernos y tan progres, se nos escapan cosillas que empañan ese proceso de normalizar. Y vuelvo a decir, normalizar algo que era normal.