domingo, 3 de noviembre de 2019

Normalizar lo que es normal

Soy una mujer que, desde el nacimiento de mi niño, le he alimentado mediante lactancia materna a demanda y eso implicaba (y sigue implicando) el tener que sacarme la teta en el salón de mi casa o en una terraza de una plaza concurrida, subirme la camiseta y desabrocharme el sujetador por los pasillos del supermercado y realizar una serie de acrobacias varias con el niño, el bolso, el carro, (la dignidad) y mis dos bracitos.

Antes de nacer Joel le daba vueltas a eso de amamantar en cualquier sitio, porque si lo iba a hacer lo quería hacer bien, y me preguntaba si llevaría bien eso de sacarme la teta en una cafetería o delante de amigos, siendo yo tan pudorosa en ese tema,



que jamás
 me hubiera planteado hacer topless en la playa de mi barrio, por ejemplo. Y el caso es que en el momento en que comencé a alimentar a mi hijo, las dudas desaparecieron y todo comenzó a fluir de forma natural: era una madre que estaba alimentando a su criatura, no estaba haciendo nada que no hiciera una perra o una gata con sus cachorros, era pura naturaleza. Además, no soy ninguna pionera porque existen muchísimas mujeres que practican y comparten este estilo de crianza a todos los niveles. El caso es que, desde ese primer instante deje de ver mis pechos como algo femenino o sexual, para comenzar a tratarlos como una fuente de alimento de total exclusividad.
Hasta ahí todo bien, no aporto nada nuevo, como ya he dicho, no soy ni la primera ni la última, no estoy haciendo nada extraordinario y la sociedad, a pesar de que se ha amamantado durante siglos y esta misma práctica se ha visto "fea" durante otros tantos años por culpa de esa fase hipócrita y puritana que pasó en su día, parece que ya ve con buenos ojos a una mamá dando teta a su bebé, ¿O no es así?
Hay momentos en los que me vuelvo a hacer esta pregunta: ¿Está la sociedad realmente preparada para normalizar en su totalidad el acto de amamantar en público? Yo creo que no. Y voy a explicar dos ejemplos de ello.
El primero, y es de hace poquito, sucedió mientras mi marido, mi peque y yo hacíamos una ruta de senderismo por un parque natural precioso, el nene ya tenía hambre, sueño o las dos cosas y, como estábamos a mitad de camino, decidí continuarlo con él en brazos y tomando la teta, que se relajara con ese ambiente de naturaleza y con el poder de la succión. En ese momento pasaron caminando y nos adelantaron un niño y su padre, el niño se quedó mirando con una cara de sorpresa, como si hubiese encontrado el escondite de la revista porno de su hermano mayor, y en seguida fue a decirle a su padre, tirándole del brazo, "Mira, mira" y mirando hacia tras, o sea, a mí; el padre debo decir que se vio apurado a encontrarse con la tesitura de su hijo señalando a una desconocida con la teta fuera, puedo entenderlo, pero su reacción fue decirle "Calla" y darle un empujoncito para que siguiera hacia adelante. Yo pienso que en muchos casos no se está educando en la infancia para normalizar la lactancia, ese padre podría haber aprovechado para decirle a su hijo, "Sí, está dándole de comer a su bebé", pero en lugar de eso vetó cualquier explicación, perdió una oportunidad extraordinaria para tener una bonita conversación con su hijo y para aportar más naturalidad al asunto de dar pecho. Puede que muchos niños que reciben este tipo de explicaciones vedadas con respecto al tema crezcan considerando la lactancia como algo que hacer en privado, algo bochornoso al fin y al cabo.
El segundo ejemplo es algo muy generalizado, un compendio de un montón de comentarios que me han hecho muchas veces en la calle, en el parque o en cualquier sitio transitado, que tienen muy buena intención pero que con su sola exaltación ya están tratando el que yo amamante como algo extraordinario: "Nena, muy bien, no hay que esconderse", "Yo haría lo mismo", "Qué bonito dar teta en la calle y a quien no le guste que no mire", "Estás haciendo lo más natural del mundo". Estas frases me las han dicho personas que me he cruzado o que me han visto mientras yo daba teta, personas que yo no conocía de nada y que se habían acercado a decirme todo esto sin que yo se lo pidiera ni plantearse si me molestaría esa interrupción. Está claro que hay una muy buena intención en estas palabras, es un modo de solidarizarse y de decir que están conmigo y me apoyan y me entienden... Pero, si necesito esa solidaridad y ese apoyo es porque lo que estoy haciendo NO ES NORMAL; si me siento en un banco a darle de comer a las palomas, nadie viene a decirme "Qué bonito lo que haces", "Qué bien hecho", etc, etc... Lo normal es que si yo estoy dando teta, la gente que pase por mi lado no me mire de arriba a abajo, pero que tampoco glorifique lo que hago, simplemente que pasen y si me conocen, que me saluden.
Parece mentira pero a estas alturas de la vida, hay tantas cosas que son tan normales por naturaleza que no necesitan justificación, pero a ojos humanos, paradójicamente hay que seguir normalizando porque lo ven como algo ajeno. 
"Normalizar" es un verbo transitivo, "hacer normal una cosa que no lo era o que había dejado de serlo". ¿Cuándo dejó de ser normal amamantar? De eso hace mucho tiempo, pero por lo visto, esa desnaturalización caló tan profundo que, hasta en estos tiempos que nos consideramos todos y todas tan modernos y tan progres, se nos escapan cosillas que empañan ese proceso de normalizar. Y vuelvo a decir, normalizar algo que era normal.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Los metros de mi cocina

Llevo unos meses de holgazanería en lo que respecta al blog y a escribir en general; mira que me han venido ideas muy chulas para escribir un post en condiciones, en serio, había días que se me encendía la bombilla, pero faltaban ganas de levantarse; mi sentido arácnido del feminismo se encontraba adormecido. Dormido hasta que esta tarde mis oídos oyen, para en seguida poner atención y escuchar un titular de, ojo, los informativos (el único espacio "serio" que queda en la tele, donde se supone que todavía te costaría cuestionarte una noticia) que da a conocer el borrador del nuevo decreto del Gobierno vasco en cuanto a construcción se refiere, en el que se propone rediseñar los espacios para mejorar la seguridad de las mujeres y así facilitar el compartir las tareas domésticas. Es decir, que los vascos achacan la falta de iniciativa del hombre en las tareas del hogar a no tener una cocina de palacete: la desigualdad de género en el ámbito doméstico reside en los metros cuadrados de ese espacio multifuncional de la casa.
En seguida se me alteró la sangre y me mi cabeza comenzó a echar humo. Pensé, "En serio estoy escuchando esto", me parecía inverosímil, como si fuera producto de una broma generalizada del presentador, nosé, podría pasar, en un programa de radio tienen un espacio de "noticias chorra" que se dedican a dar noticias falsas de este estilo... Pero para mi decepción, lo busqué en el periódico digital y sí, es una noticia de verdad. Vaya.
No me voy a meter en las propuestas del Departamento de Vivienda vasco sobre metros cuadrados y planificaciones de nuevos inmuebles y esas cosas, más que nada porque todo esto sigue pareciéndome irreal. La pregunta que además lanza el periódico digital es ¿Se puede diseñar un edificio de forma deliberada para facilitar la igualdad entre hombres y mujeres, por ejemplo, en materia de corresponsabilidad?. Yo contesto a eso: NO. Y voy a dar mis motivos aunque son evidentes. Cuando cocinamos en una casa, no somos "Los hermanos Torres en la cocina", no vamos a usar los fogones al mismo tiempo, como mucho, uno cocina y la otra friega los platos, y si falta sitio solo es cuestión de esperar a que termine uno para seguir el otro, ya está, tampoco me voy a meter en cómo debe coordinarse cada uno en su casa.
No se trata de tener una cocina más grande, total, al final serían más metros cuadrados que tener que limpiar después (y más metros cuadrados que pagar para la hipoteca), se trata de colaborar entre tod@s y colaborar se puede hacer al mismo tiempo o por turnos. Y colaborar no es ayudar, que le queden claro a esos que van siempre con el discurso de "yo ayudo en casa", no, porque en lo que respecta a las tareas domésticas no hay un responsable oficial y la otra persona le hace un favor, aunque la sociedad ya lo tenga claro de forma implícita. Nos encontramos en un momento en el que tanto hombres como mujeres trabajamos fuera de casa, ya no es que alguien se quede a cuidar del hogar mientras otro trabaja fuera y, por sentido común, se hace esa tarea que, por cierto resta mucho tiempo y no está para nada desconocida ni mucho menos remunerada. Cuando llegamos a casa todos y todas queremos descansar, encontrarnos la comida hecha, la casa limpia, la vajilla guardada, muchos tenemos máquinas que nos facilitan las tareas, pero siempre hay cosas que hacer. Yo puedo arrastrar el mismo cansancio diario que mi pareja, incluso más, ¿por qué tengo que ser yo entonces la que haga la cena? Si tuviera una cocina el doble de grande pienso que nuestra dinámica diaria no cambiaría, bueno sí, tal vez pondría una mesa bien grande ahí para comer directamente todos juntos, pero ya está, si tenemos unas costumbres en plan "tú pones la mesa, yo hago la cena y el niño tira la basura" el espacio no es que influya mucho. La desigualdad en el ámbito doméstico no se soluciona con más metros cuadrados, vuelvo a repetir, se ataja con la educación temprana en los colegios en materia de igualdad y creando rutinas equitativas y justas, horarios, repartos de tareas etc en casa, para que todos y todas colaboremos por igual.
Pero para que todo este rollo que acabo de soltar tenga algún sentido, en la propia casa hay que tener iniciativa, no esperar a que me digan lo que debo hacer.

sábado, 25 de mayo de 2019

La tribu de los Mosuo

Hace poco, a mitad de clase de un curso on line, del que algún día compartiré varios aspectos interesantes (el curso trataba sobre la desmitificación del amor romántico en la literatura infantil y no tuvo desperdicio), entre los comentarios que dejábamos las alumnas, hablando del tema del muy arraigado patriarcado en nuestras cultura y tantas otras, una de ellas dejó caer la curiosa excepción, y tal vez por ello se considere curiosa, pero muy interesante y digna de tener en cuenta de la cultura Mosuo.


Es una de las pocas sociedades matriarcales que se reparten por el mundo. La ubicamos en China, al pie del Himalaya y próxima al lago Lugu. Digamos que se trata de un pueblo que practica el amor libre desde hace 1000 años, por lo que la cultura hippie de los años 60 no tiene nada de pionera si nos remitimos a estos datos. ¿Os imagináis teniendo más de un amante de forma totalmente normalizada y aceptada por toooodo el pueblo? Nos encontramos en una era social en la que parece que todo vale y el poliamor es una de las relaciones de pareja que comienza a despuntar, pero aquí en occidente creo que se vive más como una moda, como algo experimental y, desde luego, con una aceptación mínima de la población. De lo que estoy hablando es de costumbres y formas de relacionarse en pareja, familia o comunidad casi ancestrales y esenciales, sin moda ni corriente.
Los mecanismos sociales mosuo son únicos en el mundo, conviven en grandes clanes bajo un mismo techo y los bebés que nacen adoptan siempre el apellido materno, por lo que es indiscutible que el liderazgo familiar lo lleva la madre, una verdadera estructura matriarcal. Sin embargo, no se trata de un matriarcado tiránico y espeso como el que se nos presenta con el patriarcado, una pareja con uno o varios hijos en común que decide no continuar su relación, ya sea por parte del hombre, de la mujer o de ambos, puede buscar un nuevo noviazgo y no existe ningún tipo de unión legal que le obligue a desvincularse de un modo digamos "oficial". Puedes tener novio y muchos amantes, "libre albedrío sexual" define una de las matriarcas con respecto a su curiosa tribu.


El rito de la mujer mosuo en su paso de niña a mujer es muy importante, consiste en poner un pie sobre un saco de arroz y otro sobre una piel seca de cerdo, mientras pide el deseo de que su futura vida sea abundante, en el documento que he leído no se especifica qué clase de abundancia, pero me la imagino; este acto simboliza su mayoría de edad, los 13 años... No nos alarmemos que en occidente, una chica de 13 años ya sabe mucho de muchas cosas, a pesar de que nos neguemos a asignarles responsabilidades de adulta. A partir de los 13 años, la mujer mosuo puede tener tantas parejas quiera y experimentar con ellas, con la tranquilidad de que su comunidad no se va a echar las manos a la cabeza.
Los comienzos en una relación mosuo son secretos, los hombres pueden dormir en la casa de sus novias, pero al amanecer les toca ahuecar el ala. Este no es el único dato de dominancia femenina, ya que hay que las mujeres son quienes tienen un papel relevante en el modo de educar de sus hijos. 
¿Y como subsisten? Economía de subsistencia, ellos ganadería y pesca y ellas agricultura básicamente, pero todos y todas aportan a la comunidad. Son muy independientes, por eso, cuando en el resto de China se impuso una serie de normas, como la monogamia, los Mosuo la adoptaron durante un tiempo, pero duró poco y siguieron viviendo a su manera, independientes del resto. Es digno mencionar que un pueblo pequeño se revele a una gran nación por defender su estilo de vida y sus costumbres.
Aunque el panorama que he descrito parece utópico e interesante, a día de hoy esta tribu está en declive. Básicamente los hombres migran, tal vez les atraiga más la monogamia o la cultura en la que el poder recae en el hombre, existe tanta misoginia a nuestro alrededor que se manifiesta en tantas facetas, que cómo no iba a llegar e influir en una pequeña tribu del Himalaya, por muy escondida que esté y por muy arraigadas que sean sus costumbres.
Con este post no pretendo ensalzar el matriarcado como único estilo de vida válido e imperante, sería caer en el error de su antítesis y precisamente la sociedad matriarcal que se describe con los mosuo no ejerce una imposición ni anula al hombre, para nada. Más bien veo que se trata de una estratificación social bastante sana, la mujer es el referente pero no tiraniza. 
Este post también lo comparto con la intención de alimentar la curiosidad, para que veamos que "no todo está perdido", que entre tanta cultura de burkas, harems y denigración de la mujer a través de religiones absurdas, existe una pequeña resistencia, minúscula, pero resistencia al fin y al cabo, que no se rige por la ridiculización y la anulación del hombre como persona, sino por el ensalzamiento y reconocimiento de la mujer como gran elemento de la sociedad e importante pilar de la estructura familiar. No lo olvidemos nunca.
Y ya como último dato, por si este tema interesa y a alguien le apetece navegar por la red en busca de más matriarcado, os digo que en la actualidad, además de la tribu Mosuo, existen seis sociedades como esta en toooodo el mundo mundial (y mira que el mundo es grande): los Minangkabau en Sumatra, los Khasi, los Jalnttla y los Garo en Meghalaya, la aldea Umoja al norte de Kenia y los Wodaabe al norte de Nigeria. Y a pesar de ello, me dirijo a estas sociedades como "los"...

miércoles, 8 de mayo de 2019

Ocupada, pero he vuelto

Creo que me va a dar un siroco: aquí estoy yo, recién llegada del trabajo, con mi plato de lasaña descongelada, siendo lo más sigilosa posible para escribir este post, ya que mi hijo de casi diez meses me ha dado una tregua y duerme en la habitación de en frente, intentando aprovechar para actualizar un blog que no toco desde principios de marzo. Me sentía fatal por no dedicar tiempo a algo que, aunque no me reporta ningún beneficio material me hace sentir bien y siento tan mío... Qué le vamos a hacer, otr@s tienen el yoga. Pero es que tampoco quería caer en el error de convertir este blog en una consulta/vertedero única y exclusivamente de problemas cotidianos sobre maternidad, cuando una se da cuenta de que está a punto de caer en el histrionismo maternoinfantil, lo mejor es darse un tiempo e intentar enriquecerse de otros temas. Y mira que he tenido temas a huevo.
Las elecciones generales y el una vez más poco acertado tweet de la Dolera en plan sufragista del siglo XIX, el inminente final de Juego de Tronos y las inevitables repercusiones que tendrá en miles de parejas del mundo, las extravagancias de la Gala Met, ¡por Dioor! Cuantas cosas han pasado ante mis narices y qué poco caso les hago, mejor dicho, qué falta de esa combinación de motivación y tiempo para destripar cada uno de esos temas y darles ese toque PepiLuciBom que a mí tanto me gusta.
Imagen relacionadaEstá claro que esto es un regreso con toques de flagelación por esta dejadez. Sin embargo, en mi defensa debo decir que a veces es bueno parar cuando una tiene los chacras entaponados, ¿qué sentido tiene hacer algo a base de angustias? Ahora ya está, más o menos, porque este regreso no quiere decir que no vaya a tardar otro mes en sentarme a escribir. Pero es un buen augurio para retomar procesos de escritura que tenía completamente parados, sí, una nueva novela que no sé cuando le daré sentido y forma, pero lo haré. Me gustaría vivir en el videiclip de arcoiris y piruletas Me! de Taylor Swift, pero más bien me encuentro en el oscuro Going Under de Evanesence, por lo menos...
En realidad estoy exagerando: el hecho de estar muy ocupada no es sinónimo de oscuridad, pero sí muchas veces de impotencia de querer hacer ciertas cosas y encontrar inspiración en según qué momentos y que no se pueda. 
Estar muy ocupada no es malo, solo hay que saberlo gestionar. Como me dice una amiga, "no es tiempo que te quitan, sino tiempo que te regalan", de otra manera, claro está.
Creo que los chacras ya han recuperado su flujo.

miércoles, 20 de marzo de 2019

La felicidad, ah, ah, ah, ah

Andamos tan acelerad@s que no es de extrañar que el calendario millennial haya cambiado el santoral por "días internacionales de..."; está el día de la croqueta, el día de los animales, el día del beso, el día del orgullo friky, en fin, a mí me gusta más que el san Pancracio, santa Teresa y san nosequé, más millennial, dejémoslo ahí. Pero cuando hoy escuchaba en la radio que es el Día internacional de la Felicidad, he pensado "vaya, la felicidad tiene un día". 
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El anillo pa'cuando???
Me ha venido a la mente el mismo debate que el que se nos plantea cuando llega san Valentín: ¿que no debería ser todos los días? Porque del mismo modo en que puedes amanecer en san Valentín con ganas de asesinar a tu novio, también te puedes levantar tal día como hoy con una depresión de caballo. Pero puede que mañana sea un día feliz... Aunque yo creo que generalmente el sentimiento de la felicidad pasa muy desapercibido en el día a día, ya tiene que ocurrir algo realmente rimbombante para decir "Qué feliz soy", porque sino, rara vez se para un@ a pensarlo. Bueno, sí, quizás al mirar una fotografía de un día en concreto, al escuchar el estribillo de una canción o al comer un pedazo de tarta de la yaya nos puede evocar a una felicidad pasada pero que funciona en algunos momentos de catalizador para el presente; un hijo, los mimitos del gato en el sofá, ¡escribir un libro!, una tarde divertida con las amigas, son esas pequeñas cosas, las microfelicidades del día a día que dan sentido a todo, porque seamos sincer@s, no podemos tampoco vivir de sobredosis de cuentos de hadas, no todo el mundo puede permitirse cantar alrededor de todo el mundo El anillo pa'cuando? y que el aludido, después de captar el mensaje, te monte una super pedida de mano en la playa con el ansiado pedrusco incluído. Va ser que no, bueno, Jennifer Lopez sí.
Con las microfelicidades vamos tirando, ¿no? Y qué poco las valoramos.
Lo que pasa es que suena un poco desesperado y hueco que tengamos que recurrir al "Día de la felicidad" para recordarnos, replanteranos o preguntarnos que o si somos felices, para confirmarlo o dudarlo. ¿Realmente tan ocupad@s estamos que no somos capaces de alimentar esa felicidad todos los días? Yo pienso que no, en realidad no estamos taaan ocupad@s, sin ir más lejos, pienso que lo que ocurre es que fingimos estar ocupad@s con cosas que no son tan importantes como queremos hacer ver o que directamente no sabemos distribuir bien nuestro tiempo para hacer cosas que nos hacen realmente felices (microfelicidades) o que les aporta felicidad a otras personas.
Seamos felices todos los días, y permitámonos el lujo de sentirnos tristes también cuando lo necesitemos, pero dediquémosle tiempo a todo eso, no solo un día.

jueves, 7 de marzo de 2019

Politizar el 8M, ¡NO!

Mañana es un día muy importante para todas las mujeres. El 8M no es un día ni para celebrar, ni para patrocinarse a nivel particular, ni para ofrecer descuentos o intentar sacar provecho económico, se trata de un día para reivindicar derechos que supuestamente son para todos los seres humanos por igual pero que, por desgracia, en nuestra condición de mujeres, no los estamos ejerciendo. Por supuesto, esto también incluye que ningún partido político se convierta en abanderado de una causa que tiene un origen social, para nada político, porque el feminismo representa a todas las mujeres, independientemente de su color político.

"El feminismo llegó de una forma más tardía a nuestro país (España). El desarrollo del feminismo en España atiende a la evolución política del país, y sus características: voto censitario, adulteración de elecciones y protagonismo del ejército en los diferentes pronunciamientos, entre otros. En la agitada vida política española del siglo XIX la figura de la mujer no tenía cabida. La situación en España fue muy distinta a la vivida en otros países europeos, de ahí, que la historia del feminismo en nuestro país centrase sus primeras líneas de actuación en reivindicaciones de tipo social, como el derecho a la educación o al trabajo y la revalorización de la figura de madre y esposa, y no en demandas de igualdad política como el voto. En este incipiente feminismo influenciaron el escaso desarrollo industrial, la poca influencia de la Ilustración, el arraigo de la Iglesia Católica y la fuerte división entre la esfera pública y la privada, donde en esta última quedaba inscrita la mujer, ese perfecto ángel del hogar. Bajo este ideal de la domesticidad, el género masculino creó su propia situación de superioridad, frente a la construcción de un arquetipo femenino, edificado bajo ese modelo de ángel del hogar o dulce esposa. La invisibilidad de la mujer en la sociedad era total".

Esto es una aclaración, por si existe alguna duda en si el origen del feminismo en España tiene un origen político: no, éste surge de una necesidad social. De todas formas, si la naturaleza del florecer del feminismo en España hubiese tenido una motivación política, básicamente la defensa del sufragio universal, que era lo que movían a países como EE.UU., seguiría sin tener sentido la politización del movimiento, porque se trata de conseguir unos derechos políticos a nivel global, ya seas de derechas, de izquierdas o apolítica.

El manifiesto feminista para la huelga por el 8M de este 2019 ha generado polémica. Esta polémica viene por la sensación de que solo da voz a un sector concreto de la población dependiendo de sus ideales políticos. Muchas personas ven este manifiesto como una "carmenada" mezclada con una potente ansia de protagonismo podemita, un detonante para que estalle una nueva guerra entre partidos políticos. Parece ser que ciertas frases o calificaciones de este manifiesto dejan ver que las mujeres que no se consideran abiertamente de izquierdas no son personas gratas para este movimiento. El hecho de que ciertas mujeres, como le ocurriera a una Begoña Villacís el año pasado, cuando finalmente decidió secundar la huelga del 2018, fuera abucheada por las feministas presentes, deja entrever, una vez más, el daño que hace la política española actual a la sociedad y, en este caso, a la causa feminista en particular: mujeres que abuchean a mujeres, si eso es feminismo o sororidad, que venga una de ellas y me raje. 

Desde el primer momento en que una mujer, sea de la ideología que sea, católica, agnóstica, ama de casa, trabajadora, madre a tiempo completo, cuidadora, anciana, joven, heterosexual, lesbiana, de pueblo, cosmopolita... ¡Como coño quiera ser!, desde que siente que no puede formar parte de un movimiento que, originalmente, representa a todas las mujeres, ese movimiento ya debería cambiar su discurso. Aunque en realidad sería más justo que quienes desean ese afán de protagonismo escojan otro movimiento con otro nombre que les represente.

Por favor, y lo digo desde una posición en la que a día de hoy no me siento representada por ningún partido político (todos me parecen iguales, solo que unos te saludan con la mano derecha, otros con la izquierda y otros tantos te hacen directamente un corte de manga): mañana no consintamos que los políticos se apropien de la causa feminista. Que nadie manche la pureza del feminismo, un movimiento que, hasta no hace mucho, era de los pocos que no estaba corrompido por los políticos. Mañana las mujeres que quieran salir a las calles que lo hagan libres de ser miradas o cuestionadas por otras mujeres, que se sientan con ese derecho, porque todas tenemos que estar representadas ese día. Todas, incluidas las que ya nunca podrán estar.

jueves, 28 de febrero de 2019

Feministas ilustradas

Comencé a interesarme por la escritura y la literatura feminista prácticamente casi al mismo tiempo en el que empezaba con este blog, y la perspectiva y el pensamiento, las ideas que surgen la  en cabeza, todas estas cosas han evolucionado mucho desde entonces, no quiero decir a mejor porque ni siquiera yo lo sé, pero sí de forma diferente o al menos más madura. Con los años una conoce nuevas autoras y sus teorías, se comienza a identificar más con una corriente que con otra y valora más opciones de transmitir el mensaje feminista. 
Moderna de Pueblo
Me encanta el mensaje escrito, no hay nada más contundente y duradero en el tiempo que la palabra escrita y adoro leer ensayos, novelas, historias e incluso poemas feministas a través de las letras. Pero, ¿qué me decís de la ilustración? Tal vez parezca más simple a primera vista, pero desde luego, una buena ilustración, una viñeta cómica, un mural o una pintura sobre un lienzo tiene la ventaja de llegar a mucha más gente, de más edades y, en un principio, ajena al tema que nos ocupa: el mensaje no es amplio ni rico en palabras, eso está claro, pero eso no quiere decir que no tenga fuerza e impacto. Hay muchísimas ilustradoras que merecen un reconocimiento por su trabajo, pero yo voy a hacer un pequeño sondeo para nombrar, comparar estilos de ilustración y mensaje y valorar lo que supone a mi modo de ver su trabajo en la lucha del feminismo. Vamos allá: 
Maitena
Moderna de Pueblo: Raquel Córcoles fue la primera ilustradora a la que seguí, de hecho, tengo todas sus novelas gráficas, adoro su humor. Pero lo que más adoro de ella es la autocrítica que hace de sí misma, que después de varios años, al igual que me ocurrió a mí con mis propias ideas, valore sus trabajos y sea consciente de que muchos de éstos, aunque en su momento fueron geniales, a día de hoy, precisamente por esa evolución personal de la que hablaba antes, se da cuenta de que no le representan y diga abiertamente que ahora no los publicaría. Eso es evolucionar, sí. Pero independientemente de eso, esta ilustradora ha creado a un personaje basándose en sí misma, en sus defectos y virtudes e inevetablemente eso hace que muchas chicas de su generación nos sintamos totalmente identificadas con sus periplos.
Maitena: Creo que es el símbolo del feminismo ilustrado de la mujer madura, los problemas cotidianos de la maternidad, la menopausia, la depilación o el sexo con la pareja los convierte en humor cien por cien. Maitena es la veterana de todas estas, podria ser esa tía más mayor que nosotras pero lo suficientemente guay a la que todas recurrimos para pedir consejo o tomar como modelo para nuestras decisiones. 
Lola Vendetta
Lola Vendetta: Raquel Riba Rossy. La gore de la ilustración, porque no encuentro a una dibujante que haya plasmado más veces a la Juana Meneses (la regla) con tanto estilazo, no todo el mundo sabe hacer de unas bragas con un chorro de sangre algo artístico, y del mismo modo, a una recien parida con la placenta colgando y cosas por el estilo. Pero no es lo único que dibuja, ojo, aunque sí lo más impactante. Otro detalle curioso es que a esta chica solo le hacen falta los colores negro y rojo sobre fondo blanco para dejar volar su imaginación. Fantástica e impactante, adjetivos que precisamente son lo que hacen falta.
Vera Yin Yang: La adoro, adoro su arte transgresor. La conocí hace poquito a través de la cuenta de Marina Marroquí y ya tengo encargadas para el 8 de marzo la camiseta y el bolso con su diseño especial. También hace exposiciones, trabaja el tema del feminismo con niñ@s y colabora con Amnistía Internacional. No deja indiferente a nadie, colores vivos y mensajes con mucha, mucha fuerza.
Vera Yin Yang
Feminista ilustrada: Alter ego de María Murnau. La atención de su obra se centra más en el mensaje que en la ilustración en sí, o al menos yo veo más los dibujos como acompañamiento para un texto. Afirmaciones muy directas y sin pelos en la lengua, aunque personalmente discrepo con alguno de sus textos, concretamente con uno que ataca directamente a la mujer que muestra una parte de su femineidad en TV, vamos, un ataque directo a la Pedroche. Ella considera algo denigrante para la mujer lo que yo veo como un acto de empoderamiento. Pero eso es el feminismo, diferentes corrientes que no tienen por qué coincidir en muchos de sus contenidos.
Monstruo Espaguetti
Monstruo Espaguetti: Está como una cabra, pero me encanta. Combina casi a partes iguales una ilustración intencionadamente desganada y de parbularia con textos aparentemente absurdos pero muy reales, mordaces y originales. Su simple mensajito en la pared de unos baños públicos, acordandose de todas las chicas a las que habia conocido precisamente en ese lugar, se  hizo súper viral, porque esas letras pintadas con rotulador negro sobre los azulejos representaban la sororidad en todos sus sentidos.
Tessa Impresa: "Pinto mal, cocino peor". Así se presenta Teresa Soriano en Instagram. A veces con ilustraciones con mensaje y otras tantas con cortos diálogos, critica y denuncia los pequeños micromachismos de la cotidianeidad y de los que muchas personas no son conscientes. Como en todo, hay algunas viñetas con las que conecto y otras que no me dicen nada, pero animo a tod@s a que la vean.



Bueno, esta es mi lista de las feministas cuyas armas son los lapices, los pinceles, acuarelas y sprays de colores. Ahora os animo a visitar sus perfiles y valorar este arte didáctico feminista. ¿Qué os parece? ¿Con cual os sentís más identificad@as?

jueves, 21 de febrero de 2019

El estereotipo de la Loca de los Gatos

Hubiese  querido escribir este post ayer, pero una escribe cuando puede. Digo ayer porque el 19 de febrero fue el Día Internacional del Gato y a la Loca de los Gatos le viene ese día que ni pintado, ¿no?
Resultado de imagen de la loca de los gatosLo cierto es que la Loca de los Gatos, al igual que los propios gatos, han pasado de ser los segundones a ganarse el cariño y el respeto de mucha gente. Ellos, los gatos, se han posicionado al mismo nivel que los perros en eso de ser animales de compañía, ella, la Loca, era un personaje de Los Simpson que de vez en cuando hacía su aparición y ya existe muchísimo merchandising en relación a ella (la figurita, la taza, la camiseta...). Los gatos se juntaron con la Loca, la escogieron, porque al igual que ellos es un ser impredecible, solitario y, lo digo porque tengo una gata, emocionalmente inestable. La Loca de los Gatos ha ido ganando posiciones y hace tiempo que dejó de ser un personaje secundario de ficción, afín a esos animalitos independientes, para ser utilizada como un estereotipo de mujer concreto, una etiqueta a la que colocar a según qué mujeres.
La Loca de los Gatos se mueve por el terreno del dominio machista como pez en el agua, aunque no por elección propia, seguramente ella, desearía que la dejaran tranquila y estaría dispuesta a balbucear y a tirarle algún que otro felino a la persona que la mente para insultar a otra mujer. 
Hace mucho tiempo que la palabra soltera evolucionó (o más bien, involucionó) a solterona: "Si sigues así te vas a quedar solterona", "Ya pareces una solterona amargada", "Mírala, no es más que una solterona"... Todo esto, dando por hecho que muchas mujeres deciden ser "solteronas" por elección propia, porque a unas les llena encontrar una pareja para toda la vida y tener hijos y a otras les completa su trabajo y la tranquilidad de su casa junto a un buen libro y una copa de vino, por ejemplo. Cuando una mujer decide además que, no quiere vivir sola en su casa, quiere compartir un espacio pero con alguien que no le genere dolores de cabeza, un gato, y empieza a vivir con este extraordinario compañero de vida, a algún imbécil se le enciende la bombilla y dice "Mírala, la Loca de los Gatos", y ya no es solo una solterona que vive sola en su casa sino que vive con gatos (encima lo dicen en plural, y a lo mejor solo tiene uno), entonces además es una demente, porque no se relaciona con personas, solo con gatos, o eso cree quien afirma eso, cuando puede ser que esa mujer sea lo suficientemente inteligente como para ser selectiva con las personas con las que quiere relacionarse. 
La Loca de los Gatos, por tanto, está relacionada con la soltería y con la demencia, esto último ya entra en el paquete, da lo mismo que tenga una salud mental inmejorable, es soltera, por lo tanto ya se da por hecho que no lo es por elección propia y se ha vuelto loca de vivir sola esperando a que un hombre le haga caso.
Hay solteras que ya se lo toman a coña y se autodenominan la Loca de los Gatos, si es que eso significa ser una mujer que no necesita ser dependiente de alguien y que le gusta tener a un gatito (o dos, o tres) como animal de compañía. También conozco a mujeres felizmente emparejadas, alguna de ellas con tres gatos y dos perros, pero a nadie se le ocurre llamarle Loca de los Gatos: es que vive la mar de feliz en su relación heterosexual de larga duración, por lo que ya no cumple con los estereotipos que le hacen ser a una la Loca de los Gatos, el más importante de todos, ser soltera.
Por lo tanto, nos encontramos ante un concepto cómico pero que se intenta utilizar como algo despectivo hacia la mujer económicamente independiente, dueña de su vida y de su apartamento, que no necesita una relación sentimental para saberse importante, contenta con su aspecto y su cuerpo, sea el que sea, y, por lo tanto, temida por los hombres que se creen poderosos pero que demuestran una gran inseguridad al ver a ese tipo de mujer, a la que intentan seguir dominando. Ni más ni menos. Creen que la imagen de una abuela desgreñada, lunática, que no sabe hablar y que lanza gatos puede herir el ego de una mujer... segura de sí misma. 
¡Suerte para ellos! Por decir algo.

martes, 5 de febrero de 2019

Yo soy Miranda Hobbes


Todas las que hemos visto y somos fanáticas de la serie de la glamourosa Sarah Jessica, Sexo en Nueva York, o Sex and the city para l@s neoyorquin@s del mundo mundial, sin lugar a dudas nos hemos sentido identificadas con más de una peripecia sentimental de sus protagonistas, pero sobre todo con las protagonistas. Son como las Spice Girls de las maduritas, cada una con un estilo único y una personalidad diferente a la de la otra, y como también ocurría con las Spice, en este caso a la fuerza, nos hemos visto reflejadas y hemos querido ser como ellas, siempre decantándonos por la más popular; nos hemos querido sentir una Carrie principalmente porque es la prota y la que mejor viste de todas, pero también como Samantha, por esa libertad sexual que desprende e incluso con la dulce y virginal Charlotte. Digo a la fuerza porque incluso buscamos similitudes donde casi ni las hay para parecernos a la cosmopolita perfecta, pero nadie repara en la mujer cosmopolita real… Miranda.
Miranda, según las encuestas de internet, es la menos popular del cuarteto de las Sex and the city, imagino que por su, aparentemente primera impresión en su conjunto, su coraza de mujer independiente, su personalidad coherente o sus respuestas francas a todo. Quizás porque es bastante real, más bien la más natural de todas, no llama tanto la atención: lo normal suena a mediocre y no buscamos asemejarnos a la mediocridad, para eso ya está la vida. O esa es la conclusión a la que termino llegando. Pero sinceramente, a día de hoy puedo decir que, aunque siempre he querido ser una Carrie por sus vestidos o una Samantha por ese estilo de vida que en realidad no va conmigo, solo me divierte viéndolo desde fuera, si tengo que identificarme con alguna de ellas sin duda es Miranda.
Miranda es una mujer que no tiene miedo por vestir menos femenina que sus amigas, llegados un punto, el amor propio es el más fiel de todos y del que hay que hacer caso. Ella es más lista que ninguna porque, en vez de buscarse un marido que la mantenga o con el que tras divorciarse herede su pisito de Park Avenue, o en lugar de gastarse todos sus ahorros en colecciones de pares de Manolo Blanik y después preguntarse cómo pagar el alquiler, con su esfuerzo y su trabajo no solo consigue crearse un lugar en su buffete sino que logra pagar la entrada de un piso en propiedad, sin aval y “sola”, como insiste ella a los de la inmobiliaria.
Miranda está contenta con su trabajo, con su casa, con sus amigas, disfruta de ser mujer, del ocio en Manhattan, de los almuerzos en Magnolia Bakery e incluso de algunos hombres.
La parte más difícil y más interesante de su vida en la serie llega cuando se queda embarazada. A ella le ocurre lo mismo que a muchas mujeres que probablemente se lo callan: pasa un embarazo a veces molesto, con calores, descontrol de pedos y miedos; cuando da a luz, Miranda no solo se enfrenta a un posparto en el que debe asumir que su principal función en esos momentos es sacarse sus enormes tetas llenas de leche para amamantar a Brady, debe mirar desde un rincón cómo sus amigas continúan sus vidas de fabulosas neoyorquinas, asumir que su cuerpo ya no es el mismo, el acudir a un salón de belleza a ponerse el tinte se convierte en una misión imposible, es incapaz de atender una llamada o escuchar atentamente a su amiga, de hecho, sus amigas la ven distinta. Cuando ya se ha acostumbrado a convivir con Brady llega el gran dilema: volver a trabajar sin sentirse una mala madre por dejar a su bebé con la babysitter, y es que, esa necesidad de querer retomar una vida anterior y acudir al trabajo como un lugar en el que vuelve a ser ella, de que le guste ir a la oficina, choca bruscamente con el sentimiento de culpabilidad de marcharse con los lamentos de su hijo de fondo y de regresar a casa sin haber podido darle las buenas noches. Entiende que ya no es momento de hacer horas extra, que si se quiere ir un fin de semana con sus amigas a los Hamptons debe ser acompañada de Brady, que el tiempo libre ya es para él y con él. En el momento en que comprende que ya no es la pelirroja de Manhattan que se siente segura con sus comentarios mordaces, su cosmopolitan en la mano, que tardará en volver a ponerse sus vaqueros ajustados y que si quiere una noche de ocio dependerá de Magda, su asistenta, o del padre de la criatura, en el momento en el que empieza a compatibilizar su vida de madre, mujer trabajadora y amiga que escucha los líos amorosos de sus otras amigas a tiempo parcial, se convierte en la mujer con la que muchas mujeres nos sentimos identificadas.
Todas las que estamos criando a un bebé, que no tenemos tiempo de depilarnos, que entramos a las tiendas y nos llevamos la ropa que nos gusta para probárnosla en casa, que a veces miramos a nuestro hijo llorando sin motivo y le soltamos un “por qué no te callas” a lo rey Juan Carlos para después ir corriendo a cogerlo y pedirle perdón, que nos despertamos de mala ostia por las noches, que agradecemos las horas que nos vamos a trabajar y que luego nos sentimos culpables por salir más tarde de nuestra hora, que nos debatimos entre dar un paseo por el parque con el carrito o ir a tomar un café con las amigas, que adoramos Manhattan pero nos sentimos más cómodas y felices en Brooklyn, todas esas somos Miranda Hobbes y agradecemos que exista una antiheroína del glamour, una mujer empoderada y una auténtica mamá del siglo XXI reflejada en una serie.
Porque a veces llega el momento de dejar de sentirse una Carrie y empezar a ser la Miranda Hobbes que llevamos dentro.

lunes, 28 de enero de 2019

Leer no está de moda

Tristemente, en estos días me he dado un hostiazo de realidad y he descubierto que LEER NO ESTÁ DE MODA, o puede ser que ya lo supiera pero no quisiera verlo, cuando algo te apasiona y te aporta tantas cosas buenas no quieres pensar que es una minucia para muchísima gente.
Imagen relacionadaEstá claro que existiendo los canales de YouTube, las plataformas de series de TV y los realities en directo a lo Kardashian, eso de coger un libro debe de dar una pereza descomunal: leer y tener que imaginar uno lo que lee, es agotador cuando te lo pueden dar todo hecho. En las últimas noticias que voy siguiendo he podido leer (sí, leer) que últimamente a librerías castizas de Madrid y Barcelona les está tocando ya bajar sus persianas de forma definitiva porque no venden. Siendo un poco más banal, incluso las revistas de cuore están tocando sus horas más bajas: el sábado fui al kiosco a comprarme una de cotilleo (con esto de ser madre hacía tiempo que no marujeaba sobre la vida de JLo, Paula Echevarria, Rihana y toda esa gente), lo reconozco, gusta alimentar de vez en cuando mi lado chafardero, aunque sea a base de letras. El caso es que fui al kiosco y le pedí al kiosquero la Cuore, pero lo pensé mejor y, para comparar portadas le dije que me sacara también la InTouch, "¿InTouch? Pero si esa ya no existe" me dijo mi colega el Kiosquero, y a partir de ahí comenzó con un monólogo sobre la desaparición de periódicos y revistas porque la gente no es que ya no quiera comprar publicaciones en papel, lo que ocurre es que la gente YA NO LEE. Lo cierto es que el hombre no iba muy desencaminado...
Por suerte, Twitter e Instagram son unas grandes plataformas para que el tema literatura y la prensa sigan en boga. Incluso da la oportunidad de que los escritores nóveles nos anunciemos por la red, luego ya te hace caso quien quiere, claro. Pero si no eres Beta Coqueta, la último premio Azorín o una Marian Keyes también lo tienes difícil. Tan difícil que ni siquiera regalando literatura la gente se apunta: hemos llegado a un punto en que una cuenta de tendencias puede hacer un sorteo de dos botellas de vino y todo el mundo se apunta como locos para participar, pero si se hace la misma publicidad con dos novelas de un autor o autora desconocidos, no se apunta ni el tato, ¿por qué? Porque leer, amig@s mi@s, YA NO ESTÁ DE MODA. ¿Acaso lo ha estado alguna vez? quiero pensar que sí. Quiero creer que hubo un tiempo en que la gente valoraba más el arte de la página escrita que el arte de promover challenges en la red.
Llamadme sentimental, gritadme "anticuada", pero soy de esas personas que aún cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que ha creado la humanidad.

domingo, 13 de enero de 2019

L@s amargad@s en red


Si hay algo que consiguen las épocas de máxima demostración de sentimientos y acciones en tiempo real, como es la Navidad, es el descubrimiento de es@s amargad@s en potencia que aprovechan las situaciones de celebración y felicidad de unos para buscarles un defectillo y amargárselas.
Estamos de acuerdo en que las redes sociales hay que utilizarlas con sentido común y que cuando publicas te expones a recibir todo tipo de comentarios, buenos y malos. Pero los hay (comentarios) rebuscadamente dañinos. Si llego a un punto en que no me gusta o no comparto ciertos aspectos del perfil de Facebook de alguien, lo bloqueo, dejo de seguirlo, lo ignoro o le rebato su idea con una respuesta coherente y sustentable. Pero es que hay gente que está esperando cualquier ocasión para “amargar” el momento de alguien; ejemplo: te vas a pasar el día al safari y te haces una foto dándole de comer a la jirafa, la cuelgas al Instagram con sus hastags y demás, obtienes muchos likes y algún que otro comentario gracioso, hasta que el amargao de turno aparece con alguna acusación del tipo “estás fomentando el maltrato animal mediante la explotación de su imagen bla, bla, bla”. ¿Vamos pillando el concepto de “amargaos en red”?
A mí me han intentado buscar las cosquillas criticándome por colgar una foto de una casa del Sacromonte de Granada con un pequeño grafiti o por compartir la famosa imagen del marinero y la enfermera de Times Square en el día mundial  del beso, por motivos que educadamente rebatí. Esos hechos me hicieron pensar “Joder, sí que influyen las cositas que comparto en Instagram en la gente, cuando intentan montarme un debate/denuncia por algo tan inocente…”. Pero bueno, son cosas inevitables que hay que tomarlas con humor.
Lo que sí que me tocó la moral fue un mensajito de esos “bomba”, de los que van dirigidos a nadie en particular y a tod@s en general, como una lanzada de piedra y escondida de mano. Fue uno de esos que te encuentras por casualidad en el muro de Facebook, en este caso, el amargao de turno criticaba a todas esas personas que tenían hijos y que los sometían a la fiesta de la Navidad (como si fuera una tortura), iniciándolos en el consumismo sin sentido, a practicar tradiciones religiosas y a tenerlos viviendo en una mentira. Eso sí que me hinchó las narices, en primer lugar porque cada un@ celebra las tradiciones que le da la gana y sin tener que estar ofendiendo a nadie por ello, vamos que no creo que ver una cabalgata de Reyes o comerse un roscón con chocolate, entre otras de esas costumbres, haga daño a nadie; en segundo lugar, nadie es nadie para juzgar quién actúa de forma consumista en su casa, si un padre o una madre quiere hacerle un regalo a su hijo o unos amigos quieren reunirse para celebrar un amigo invisible, una pequeña ilusión al final de un largo año es más inofensiva que muchos de los actos diarios de otras personas; y en tercer lugar, esa persona que dice que tenemos a nuestros hijos viviendo una mentira, me gustaría verla por un agujerito cuando tenía 5 años, cuando todavía creía en la magia y en las cosas imposibles y cuando la ilusión por las noches mágicas de la Navidad eran más fuertes que ese amargamiento de ir contra todo el mundo.
Lo siento, pero creo que este post de hoy lo estoy utilizando a modo personal para desahogarme ante tanta gilipollez de gente que, vale, puede que algunas veces tengan razón y sea necesaria una denuncia social, pero que generalmente parece que les de rabia ver que a otras personas les van bien las cosas e incluso en muchos momentos llegan a sentirse felices en este mundo cada vez más difícil de conseguir esa felicidad, y que no les queda otra que andar haciendo guardia en el muro de Instagram o Facebook para analizar las vidas ajenas y preparar sus catapultas destructivas para intentar (lo que no quiere decir que lo consigan) empañar esa felicidad, ese momento de inspiración o esos ideales de inocencia.
Amargad@s en la red, por favor, tomaos un descanso y utilizad esa energía en cosas realmente productivas y que aporten algo a todos, no solo a los minoritarios intereses subjetivos y a unas mentes que, aunque aparenten ser hippies, son tan intolerantes como las de cualquier extremo.