jueves, 28 de febrero de 2019

Feministas ilustradas

Comencé a interesarme por la escritura y la literatura feminista prácticamente casi al mismo tiempo en el que empezaba con este blog, y la perspectiva y el pensamiento, las ideas que surgen la  en cabeza, todas estas cosas han evolucionado mucho desde entonces, no quiero decir a mejor porque ni siquiera yo lo sé, pero sí de forma diferente o al menos más madura. Con los años una conoce nuevas autoras y sus teorías, se comienza a identificar más con una corriente que con otra y valora más opciones de transmitir el mensaje feminista. 
Moderna de Pueblo
Me encanta el mensaje escrito, no hay nada más contundente y duradero en el tiempo que la palabra escrita y adoro leer ensayos, novelas, historias e incluso poemas feministas a través de las letras. Pero, ¿qué me decís de la ilustración? Tal vez parezca más simple a primera vista, pero desde luego, una buena ilustración, una viñeta cómica, un mural o una pintura sobre un lienzo tiene la ventaja de llegar a mucha más gente, de más edades y, en un principio, ajena al tema que nos ocupa: el mensaje no es amplio ni rico en palabras, eso está claro, pero eso no quiere decir que no tenga fuerza e impacto. Hay muchísimas ilustradoras que merecen un reconocimiento por su trabajo, pero yo voy a hacer un pequeño sondeo para nombrar, comparar estilos de ilustración y mensaje y valorar lo que supone a mi modo de ver su trabajo en la lucha del feminismo. Vamos allá: 
Maitena
Moderna de Pueblo: Raquel Córcoles fue la primera ilustradora a la que seguí, de hecho, tengo todas sus novelas gráficas, adoro su humor. Pero lo que más adoro de ella es la autocrítica que hace de sí misma, que después de varios años, al igual que me ocurrió a mí con mis propias ideas, valore sus trabajos y sea consciente de que muchos de éstos, aunque en su momento fueron geniales, a día de hoy, precisamente por esa evolución personal de la que hablaba antes, se da cuenta de que no le representan y diga abiertamente que ahora no los publicaría. Eso es evolucionar, sí. Pero independientemente de eso, esta ilustradora ha creado a un personaje basándose en sí misma, en sus defectos y virtudes e inevetablemente eso hace que muchas chicas de su generación nos sintamos totalmente identificadas con sus periplos.
Maitena: Creo que es el símbolo del feminismo ilustrado de la mujer madura, los problemas cotidianos de la maternidad, la menopausia, la depilación o el sexo con la pareja los convierte en humor cien por cien. Maitena es la veterana de todas estas, podria ser esa tía más mayor que nosotras pero lo suficientemente guay a la que todas recurrimos para pedir consejo o tomar como modelo para nuestras decisiones. 
Lola Vendetta
Lola Vendetta: Raquel Riba Rossy. La gore de la ilustración, porque no encuentro a una dibujante que haya plasmado más veces a la Juana Meneses (la regla) con tanto estilazo, no todo el mundo sabe hacer de unas bragas con un chorro de sangre algo artístico, y del mismo modo, a una recien parida con la placenta colgando y cosas por el estilo. Pero no es lo único que dibuja, ojo, aunque sí lo más impactante. Otro detalle curioso es que a esta chica solo le hacen falta los colores negro y rojo sobre fondo blanco para dejar volar su imaginación. Fantástica e impactante, adjetivos que precisamente son lo que hacen falta.
Vera Yin Yang: La adoro, adoro su arte transgresor. La conocí hace poquito a través de la cuenta de Marina Marroquí y ya tengo encargadas para el 8 de marzo la camiseta y el bolso con su diseño especial. También hace exposiciones, trabaja el tema del feminismo con niñ@s y colabora con Amnistía Internacional. No deja indiferente a nadie, colores vivos y mensajes con mucha, mucha fuerza.
Vera Yin Yang
Feminista ilustrada: Alter ego de María Murnau. La atención de su obra se centra más en el mensaje que en la ilustración en sí, o al menos yo veo más los dibujos como acompañamiento para un texto. Afirmaciones muy directas y sin pelos en la lengua, aunque personalmente discrepo con alguno de sus textos, concretamente con uno que ataca directamente a la mujer que muestra una parte de su femineidad en TV, vamos, un ataque directo a la Pedroche. Ella considera algo denigrante para la mujer lo que yo veo como un acto de empoderamiento. Pero eso es el feminismo, diferentes corrientes que no tienen por qué coincidir en muchos de sus contenidos.
Monstruo Espaguetti
Monstruo Espaguetti: Está como una cabra, pero me encanta. Combina casi a partes iguales una ilustración intencionadamente desganada y de parbularia con textos aparentemente absurdos pero muy reales, mordaces y originales. Su simple mensajito en la pared de unos baños públicos, acordandose de todas las chicas a las que habia conocido precisamente en ese lugar, se  hizo súper viral, porque esas letras pintadas con rotulador negro sobre los azulejos representaban la sororidad en todos sus sentidos.
Tessa Impresa: "Pinto mal, cocino peor". Así se presenta Teresa Soriano en Instagram. A veces con ilustraciones con mensaje y otras tantas con cortos diálogos, critica y denuncia los pequeños micromachismos de la cotidianeidad y de los que muchas personas no son conscientes. Como en todo, hay algunas viñetas con las que conecto y otras que no me dicen nada, pero animo a tod@s a que la vean.



Bueno, esta es mi lista de las feministas cuyas armas son los lapices, los pinceles, acuarelas y sprays de colores. Ahora os animo a visitar sus perfiles y valorar este arte didáctico feminista. ¿Qué os parece? ¿Con cual os sentís más identificad@as?

jueves, 21 de febrero de 2019

El estereotipo de la Loca de los Gatos

Hubiese  querido escribir este post ayer, pero una escribe cuando puede. Digo ayer porque el 19 de febrero fue el Día Internacional del Gato y a la Loca de los Gatos le viene ese día que ni pintado, ¿no?
Resultado de imagen de la loca de los gatosLo cierto es que la Loca de los Gatos, al igual que los propios gatos, han pasado de ser los segundones a ganarse el cariño y el respeto de mucha gente. Ellos, los gatos, se han posicionado al mismo nivel que los perros en eso de ser animales de compañía, ella, la Loca, era un personaje de Los Simpson que de vez en cuando hacía su aparición y ya existe muchísimo merchandising en relación a ella (la figurita, la taza, la camiseta...). Los gatos se juntaron con la Loca, la escogieron, porque al igual que ellos es un ser impredecible, solitario y, lo digo porque tengo una gata, emocionalmente inestable. La Loca de los Gatos ha ido ganando posiciones y hace tiempo que dejó de ser un personaje secundario de ficción, afín a esos animalitos independientes, para ser utilizada como un estereotipo de mujer concreto, una etiqueta a la que colocar a según qué mujeres.
La Loca de los Gatos se mueve por el terreno del dominio machista como pez en el agua, aunque no por elección propia, seguramente ella, desearía que la dejaran tranquila y estaría dispuesta a balbucear y a tirarle algún que otro felino a la persona que la mente para insultar a otra mujer. 
Hace mucho tiempo que la palabra soltera evolucionó (o más bien, involucionó) a solterona: "Si sigues así te vas a quedar solterona", "Ya pareces una solterona amargada", "Mírala, no es más que una solterona"... Todo esto, dando por hecho que muchas mujeres deciden ser "solteronas" por elección propia, porque a unas les llena encontrar una pareja para toda la vida y tener hijos y a otras les completa su trabajo y la tranquilidad de su casa junto a un buen libro y una copa de vino, por ejemplo. Cuando una mujer decide además que, no quiere vivir sola en su casa, quiere compartir un espacio pero con alguien que no le genere dolores de cabeza, un gato, y empieza a vivir con este extraordinario compañero de vida, a algún imbécil se le enciende la bombilla y dice "Mírala, la Loca de los Gatos", y ya no es solo una solterona que vive sola en su casa sino que vive con gatos (encima lo dicen en plural, y a lo mejor solo tiene uno), entonces además es una demente, porque no se relaciona con personas, solo con gatos, o eso cree quien afirma eso, cuando puede ser que esa mujer sea lo suficientemente inteligente como para ser selectiva con las personas con las que quiere relacionarse. 
La Loca de los Gatos, por tanto, está relacionada con la soltería y con la demencia, esto último ya entra en el paquete, da lo mismo que tenga una salud mental inmejorable, es soltera, por lo tanto ya se da por hecho que no lo es por elección propia y se ha vuelto loca de vivir sola esperando a que un hombre le haga caso.
Hay solteras que ya se lo toman a coña y se autodenominan la Loca de los Gatos, si es que eso significa ser una mujer que no necesita ser dependiente de alguien y que le gusta tener a un gatito (o dos, o tres) como animal de compañía. También conozco a mujeres felizmente emparejadas, alguna de ellas con tres gatos y dos perros, pero a nadie se le ocurre llamarle Loca de los Gatos: es que vive la mar de feliz en su relación heterosexual de larga duración, por lo que ya no cumple con los estereotipos que le hacen ser a una la Loca de los Gatos, el más importante de todos, ser soltera.
Por lo tanto, nos encontramos ante un concepto cómico pero que se intenta utilizar como algo despectivo hacia la mujer económicamente independiente, dueña de su vida y de su apartamento, que no necesita una relación sentimental para saberse importante, contenta con su aspecto y su cuerpo, sea el que sea, y, por lo tanto, temida por los hombres que se creen poderosos pero que demuestran una gran inseguridad al ver a ese tipo de mujer, a la que intentan seguir dominando. Ni más ni menos. Creen que la imagen de una abuela desgreñada, lunática, que no sabe hablar y que lanza gatos puede herir el ego de una mujer... segura de sí misma. 
¡Suerte para ellos! Por decir algo.

martes, 5 de febrero de 2019

Yo soy Miranda Hobbes


Todas las que hemos visto y somos fanáticas de la serie de la glamourosa Sarah Jessica, Sexo en Nueva York, o Sex and the city para l@s neoyorquin@s del mundo mundial, sin lugar a dudas nos hemos sentido identificadas con más de una peripecia sentimental de sus protagonistas, pero sobre todo con las protagonistas. Son como las Spice Girls de las maduritas, cada una con un estilo único y una personalidad diferente a la de la otra, y como también ocurría con las Spice, en este caso a la fuerza, nos hemos visto reflejadas y hemos querido ser como ellas, siempre decantándonos por la más popular; nos hemos querido sentir una Carrie principalmente porque es la prota y la que mejor viste de todas, pero también como Samantha, por esa libertad sexual que desprende e incluso con la dulce y virginal Charlotte. Digo a la fuerza porque incluso buscamos similitudes donde casi ni las hay para parecernos a la cosmopolita perfecta, pero nadie repara en la mujer cosmopolita real… Miranda.
Miranda, según las encuestas de internet, es la menos popular del cuarteto de las Sex and the city, imagino que por su, aparentemente primera impresión en su conjunto, su coraza de mujer independiente, su personalidad coherente o sus respuestas francas a todo. Quizás porque es bastante real, más bien la más natural de todas, no llama tanto la atención: lo normal suena a mediocre y no buscamos asemejarnos a la mediocridad, para eso ya está la vida. O esa es la conclusión a la que termino llegando. Pero sinceramente, a día de hoy puedo decir que, aunque siempre he querido ser una Carrie por sus vestidos o una Samantha por ese estilo de vida que en realidad no va conmigo, solo me divierte viéndolo desde fuera, si tengo que identificarme con alguna de ellas sin duda es Miranda.
Miranda es una mujer que no tiene miedo por vestir menos femenina que sus amigas, llegados un punto, el amor propio es el más fiel de todos y del que hay que hacer caso. Ella es más lista que ninguna porque, en vez de buscarse un marido que la mantenga o con el que tras divorciarse herede su pisito de Park Avenue, o en lugar de gastarse todos sus ahorros en colecciones de pares de Manolo Blanik y después preguntarse cómo pagar el alquiler, con su esfuerzo y su trabajo no solo consigue crearse un lugar en su buffete sino que logra pagar la entrada de un piso en propiedad, sin aval y “sola”, como insiste ella a los de la inmobiliaria.
Miranda está contenta con su trabajo, con su casa, con sus amigas, disfruta de ser mujer, del ocio en Manhattan, de los almuerzos en Magnolia Bakery e incluso de algunos hombres.
La parte más difícil y más interesante de su vida en la serie llega cuando se queda embarazada. A ella le ocurre lo mismo que a muchas mujeres que probablemente se lo callan: pasa un embarazo a veces molesto, con calores, descontrol de pedos y miedos; cuando da a luz, Miranda no solo se enfrenta a un posparto en el que debe asumir que su principal función en esos momentos es sacarse sus enormes tetas llenas de leche para amamantar a Brady, debe mirar desde un rincón cómo sus amigas continúan sus vidas de fabulosas neoyorquinas, asumir que su cuerpo ya no es el mismo, el acudir a un salón de belleza a ponerse el tinte se convierte en una misión imposible, es incapaz de atender una llamada o escuchar atentamente a su amiga, de hecho, sus amigas la ven distinta. Cuando ya se ha acostumbrado a convivir con Brady llega el gran dilema: volver a trabajar sin sentirse una mala madre por dejar a su bebé con la babysitter, y es que, esa necesidad de querer retomar una vida anterior y acudir al trabajo como un lugar en el que vuelve a ser ella, de que le guste ir a la oficina, choca bruscamente con el sentimiento de culpabilidad de marcharse con los lamentos de su hijo de fondo y de regresar a casa sin haber podido darle las buenas noches. Entiende que ya no es momento de hacer horas extra, que si se quiere ir un fin de semana con sus amigas a los Hamptons debe ser acompañada de Brady, que el tiempo libre ya es para él y con él. En el momento en que comprende que ya no es la pelirroja de Manhattan que se siente segura con sus comentarios mordaces, su cosmopolitan en la mano, que tardará en volver a ponerse sus vaqueros ajustados y que si quiere una noche de ocio dependerá de Magda, su asistenta, o del padre de la criatura, en el momento en el que empieza a compatibilizar su vida de madre, mujer trabajadora y amiga que escucha los líos amorosos de sus otras amigas a tiempo parcial, se convierte en la mujer con la que muchas mujeres nos sentimos identificadas.
Todas las que estamos criando a un bebé, que no tenemos tiempo de depilarnos, que entramos a las tiendas y nos llevamos la ropa que nos gusta para probárnosla en casa, que a veces miramos a nuestro hijo llorando sin motivo y le soltamos un “por qué no te callas” a lo rey Juan Carlos para después ir corriendo a cogerlo y pedirle perdón, que nos despertamos de mala ostia por las noches, que agradecemos las horas que nos vamos a trabajar y que luego nos sentimos culpables por salir más tarde de nuestra hora, que nos debatimos entre dar un paseo por el parque con el carrito o ir a tomar un café con las amigas, que adoramos Manhattan pero nos sentimos más cómodas y felices en Brooklyn, todas esas somos Miranda Hobbes y agradecemos que exista una antiheroína del glamour, una mujer empoderada y una auténtica mamá del siglo XXI reflejada en una serie.
Porque a veces llega el momento de dejar de sentirse una Carrie y empezar a ser la Miranda Hobbes que llevamos dentro.