martes, 24 de octubre de 2017

Escritora frustrada

Ayer estaba muy cabreada como para escribir de forma racional, hoy el cabreo ha ido a menos, pero ha dejado sitio a la frustración y al desengaño.  Generalmente utilizo este blog para hablar de temas que, de algún modo, afectan directamente a la figura de la mujer. Pero bueno, si  quiero ponerme quisquillosa en ese sentido, la semana pasada comenzaba con la celebración del Día de la Escritora, algo que consideré como un amuleto como autora, ya que, la semana la cerré con la presentación oficial de mi segunda novela, Descubriendo a Carla, en Casa Del Libro Alicante, concretamente el viernes 20 de octubre.
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Para mí era un honor presentar mi novela con el supuesto respaldo de un gigante, en lo que a a librerías se refiere. El evento fue genial, hubo gente, se habló, se opinó, reímos… en fin, una experiencia muy buena. Al concluir la presentación me despedí del gerente de mi editorial y de mi editora, que me confirmaron que algunos ejemplares que ellos habían traído de Descubriendo a Carla se quedaban en la librería unos días como parte del proceso. Después hablé con un trabajador de Casa del Libro que me aseguró que sí, que los libros se quedaban durante una semana, al menos, y que estarían expuestos en la estantería de “actualidad”. Yo, confiada, me fui a hacerme un copazo de vino con mi marido y unos amigos para celebrar que la presentación había salido de p*** madre, contenta y feliz como una perdiz de saber que, se vendiera o no, mi libro iba a tener la oportunidad, durante unos días, de estar a la vista de mucha gente.
Ayer lunes, aprovechando que había quedado con una amiga para comer por Alicante centro y que ella no había podido ir a la presentación, nos acercamos a la susodicha librería, para que ella adquiriera uno de los ejemplares que temporalmente estaban ahí. Un inciso: el domingo no abrió la librería, por lo que el único día que había estado, hasta el momento, mi libro en la estantería de “actualidad” era el sábado. Mi amiga entró a Casa del Libro, yo me quedé fuera; al ver que tardaba, me asomé un momento y ella me hizo la señal de que esperara, en ese momento, creo que el dependiente con el que hablé el viernes y que estaba por allí me reconoció. Cuando mi amiga salió del establecimiento, lo hizo con las manos vacías. Según le había explicado el dependiente, que por su reacción de ¿bochorno? y sus largas explicaciones creo que me vio y me reconoció, al parecer hubo un error: un compañero suyo había hecho la devolución de los libros por equivocación (¿en serio? ¿después de tan solo un día laborable desde la presentación?), que se sentía fatal porque así no era como había quedado con la autora (o sea, yo) y que inmediatamente iba a pedir de nuevo a la editorial un libro para ella y, además, otros cuatro (uuufff, cuidado) para tenerlos durante unos días en estantería.
Por supuesto, tras escuchar la historia no me entraba ganas de otra cosa que no fuera la de ir a la tienda y montar un pollo en medio del local. Pero calma, Elena, se supone que las cosas no se solucionan así y solo voy a hacerme un flaco favor a mí misma; me costó contenerme, pero lo hice e inmediatamente llamé a mi editora para ponerla al tanto de todo esto, se supone que esa es la vía “adecuada”. Aunque debo decir que a veces una se cansa de hacer lo correcto.
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Después de todo esto, solo puedo sentirme engañada, estafada, timada por una de las grandes cadenas de librerías de nuestro país, donde se supone que quieren dar cabida a todos los autores posibles. Mentira. El hacer una presentación de una novela un viernes tarde-noche y que los libros ya no estén en la tienda un lunes a las 11 de la mañana no es por un error, es la intención de querer quitarse el muerto de encima y no contaban con que alguien fuera a preguntar por él. Si no eres un autor consagrado, un escritor que haya adquirido una rápida popularidad o una celebridad a la que le ha dado por escribir un libro, no eres digno de estar en sus locales. Yo creo que en estas librerías hay cabida para todos y todas, escritores y escritoras, consagrados o nóveles, populares o desconocidos, pero para eso, hay que reducir, un poquito, los grandes expositores publicitarios formados por libros de Ken Follet, los altares con la nueva biografía de Terelu Campos o las pirámides amontonadas de ejemplares de Ruiz Zafón para hacer un poco de hueco a otros escritores que merecen la oportunidad de ser vistos, y a la vez que digo esto, a mí me encanta comprar y leer obras de autores populares y consagrados, no estoy haciendo un complot contra ellos. 
Pero las grandes franquicias buscan eso, el negocio, la forma más rápida de hacer dinero, y se olvidan de lo más importante: el pedazo de alma, el esfuerzo y el cariño que un escritor deja en sus libros, durante su largo y difícil proceso de crearlos.
Casa del Libro, la librería de El Corte Inglés, Fnac etc…, tienen muchos medios para dar la oportunidad de que un libro tenga su pequeño espacio en una estantería, aunque sea durante una semana. Sin embargo, por mi experiencia, me he sentido muchísimo más arropada y bien tratada por las pequeñas librerías y papelerías con las que he contactado para distribuir mi novela que por todos esos grandes gigantes. Grandes, pero a mi modo de ver, huecos por dentro, sin identidad.

Espero que, en algún momento, los jefazos y gerentes de esas grandes cadenas de librerías recapaciten y que en un futuro los autores que apuesten por esas casas sean mejor tratados. Y ya puestos, espero que esta frustración que se puede sentir, si a otros escritores o escritoras les ha sucedido lo mismo que a mí, no les frene a la hora de seguir luchando por sus sueños.

domingo, 15 de octubre de 2017

Las que tardamos menos de 30 minutos en arreglarnos somos la resistencia

Hace varios días, una niña a la que le tengo mucho cariño me preguntó que si cuando era más jovencita era tan guapa como ahora y yo, a todo esto, descojonándome, porque nunca me he considerado guapísima de la muerte, siempre he dicho que soy del montón bueno.

Resultado de imagen de poco arregladaUna vez recuperada la seriedad le dije la verdad, “Mira, en los años en que yo iba al instituto, tenía la cara llena de granos, un pelo encrespadísimo y muy pocas ganas de mantenerlo a raya, llevaba braquets de punta a punta de mi dentadura (solo faltaba que por mi boca circularan los coches del escalestric), vestía con chándal todos los días porque me podía más la comodidad y no se me sumó lo de llevar las gafas de culo de botella porque meses antes había conseguido que me hiciesen las lentillas”. La cría que se quedó satisfecha, ¿tal vez aliviada?, con la respuesta, o bueno, eso pienso yo. Porque más de una seguro que agradece saber que no todo lo que se nos vende es real.
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Se supone que esta Barbie se va a dormir... Sin desmaquillar
Nunca he visto en un catálogo de juguetes a una Barbie (Cindy, Bratz, Nancy) con una estética en plan maruja o, simplemente, con ropa cómoda, si hasta cuando sacaban una de Barbie de “andar por casa” ésta iba con su camisón con encajes, un chándal con purpurina, jamás despeinada e incluso con el maquillaje de rigor (y sí, la del camisón, la que se va a dormir, también). Con la experiencia te das cuenta de que, si pones en práctica todos los métodos y momentos de maquillaje de Barbie, de la única forma en que puedes acabar es con unos ojos de oso panda, con un rastro que llega hasta las rodillas.
Pero la culpa de todo esto del ritual de acicalamiento intensivo, además de las muñecas que van pintadas como puertas, es de las dichosas series de TV de instituto. Compañeros tira que va, eran algo más normalitos, pero en Al salir de clase te vendían que con 17-18 años podías ir al instituto, tener un fondo  de armario increíble, llevar siempre una dentadura perfecta y, por tanto, ninguna necesidad de ponerte aparato, problemas y tiempo para cualquier cosa menos para estudiar y responsabilidades como trabajar en un bar después de las clases y compartir piso con otros adolescentes, sin planearnos ni siquiera cómo leches se las apañaban para pagar el alquiler, ese fondo de armario, las fiestas, las mechas y cortes de pelo etc. ¿Y el acné? Como si lo hubieran exterminado. Física o química ya fue el acabose, para qué hablar más.
Las películas rollo americanada de instituto también han tenido mucha culpa para que las adolescentes tengan esa presión de ir al instituto no como adolescentes, sino como mujeres: el mismo plan que Al salir de clase de “la vida es tan fácil cuando estudias y juegas a ser adulto a la vez”. Al menos no todo es así, hay películas como Chicas Malas que, a modo de parodia, explican la auténtica  fauna que se mueve por los institutos: las crueles abejas reina, las empollonas, las gorditas, las frikis asiáticas, las marimacho…, en esta cinta, el papel de la jodidamente estropeadísima Lindsay Lohan es buenísimo, porque se mete en la piel de una cría normal, ingenua, fuera de onda tirando a rarita y que defiende su gran personalidad, pero que inevitablemente acaba siendo absorbida por los cánones de belleza que marca esa sociedad estudiantil, terminando por ser, sin darse cuenta, una pequeña zorra materialista sin personalidad.
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(Al salir de clase) Se supone que estos eran "adolescentes"
Recuerdo como si fuera ayer mis días de instituto, todavía éramos muchas las que escapábamos de las frivolidades propias de mujeres adultas y sacrificábamos el maquillaje mañanero y el alisado de pelo con plancha por un rato más en la cama. Es que, joder, teníamos 15 años. Después se abrió ante nosotras el gran templo de Bershka, las que conseguían trabajo allí para las campañas de Navidad y rebajas eran las putas amas, porque comenzaban a tener ropa a gogó e iban divinas de la muerte, el resto éramos unas pringadas que no cumplíamos con el perfil de lo que empezaban a pedir nuestros círculos sociales y nuestra ropa ya era de risa. Hoy en día se siguen percibiendo lo que fuimos y en cuál de esos estratos o capas nos encontrábamos. Por ejemplo, yo sigo apurando mis horas de sueño, por lo que tengo que arreglarme para ir a trabajar en cero coma, por lo que el resultado de mi aspecto estético es normalito; a la hora de arreglarme para salir a cenar mi tiempo récord se equipara más a o menos al que tarda mi marido, así que haceos una idea…; y, generalmente, cuando tengo que ir a una boda o algo por el estilo, suelo ser como Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como, es decir, yo me maquillo, yo me hago el pelo. Las que, por el contrario, en sus años mozos tenían complejo de La Juani de Bigas Luna, hoy necesitan mucho más maquillaje, más modelitos, más uñas postizas y más (tiempo) de todo lo que tenga que ver con la chapa y pintura corporal, esto es como la droga, siempre necesitarán más.
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La resistencia 
Las que formábamos (y seguimos formando) la resistencia y representamos el tercermundismo del acicalamiento y la estética somos como las meigas: haberlas ailas, pero vamos quedando menos. 

jueves, 28 de septiembre de 2017

Las mariposas saudíes por fin pueden volar

Va a sonar ridículo esto, porque es como si dijera que las mariposas por fin pueden volar, pero es cierto, pleno siglo XXI: “Las saudíes acarician un derecho histórico, poder colocarse al volante en las calles”. Bueno, se me ha olvidado comentar el pequeño detalle de que esta revolucionaria reforma la ha aprobado el rey Salman bin Abdelaziz de Arabia Saudí: la orden de despachar permisos de conducir a las mujeres entrará en vigor el próximo junio de 2018.
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Esto es todo un logro para las mujeres del reino que durante años han reivindicado este derecho tan fundamental como es el de tener la libertad de desplazarse por sí misma, sin depender de nadie, sobre todo si tenemos en cuenta que viven en la patria del wahabismo, una radical interpretación del islam que ha sido caldo de cultivo de organizaciones como Al Qaeda o el autodenominado Estado Islámico.
El rey Salman ya ha formado un comité para reformar la normativa de tráfico y llevar a cabo todo ese protocolo que debe seguir la aprobación de una norma, y así asegurarse de que las mujeres conductoras puedan ejercer su derecho “con igualdad”. Ahí siento discrepar, pero si yo tengo que conducir envuelta de arriba abajo, con media cara tapada por una túnica negra, que no solo te achicharra de sudor, sino que te puede reducir el campo de visión y la capacidad para maniobrar, frente a un hombre que puede ir vestido como le salga del pito, ahí no veo igualdad alguna, pero bueno, eso ya sería otra lucha, ¿no?
Tampoco creáis que este trascendental cambio se deba a que a la agencia estatal le haya dado un ataque de feminismo extremo, ¡qué va! Si cuando se explicaron los motivos de este cambio de parecer, se centraron principalmente en las “consecuencias negativas” que acarreaban el hecho de que una mujer tuviera que desplazarse a un lugar que requiriera de un vehículo, provocando unas continuas ausencias de los hombres en su puesto de trabajo al tener que llevarlas o un gasto extra al tener que contratar un chófer o un taxista para pasear a la mujer. Así que, por mucho que lo vendan como un progreso feminista, a éstos lo que en realidad les ha movido ha sido sus propios intereses. Eso sí, esta medida revolucionaria serán apoyadas por los ulemas siempre y cuando se respeten "las garantías de la sharía (legislación islámica) para evitar problemas". No sé qué problemas puede dar una mujer conductora.
Pero parece que Arabia Saudí está madurando un poco. Recientemente, un clérigo fue apartado de la predicación después de asegurar en público que las mujeres no deberían conducir porque sus cerebros representan apenas un cuarto del tamaño del masculino cuando van de compras (creo que tomó como ejemplo el tamaño de su pene para calcular esta gilipollez). Parece que poco a poco se va avanzando en un país donde a las mujeres se les trata como a niñas a lo largo de todas sus vidas, convenciéndolas de que son incapaces de hacer nada por sí mismas: ahora el permiso de conducir, anteriormente la inclusión de la educación física en el currículo de las escuelas femeninas y, hace unas semanas, el acceso de las mujeres a los estadios de fútbol. Es de locos, pero tampoco podían entrar a un campo de fútbol.
El pasado noviembre el príncipe y multimillonario Al Waleed bin Talal fue el primer miembro de la realeza saudí en romper una lanza por las mujeres saudíes y abogar por la erradicación de la prohibición. "Ya es hora de que las saudíes empiecen a conducir. Es hora de que pasemos página en este asunto como hicimos en decenas de otros temas en este país y en el mundo a lo largo del último siglo", publicó en su página web. Esto es toda una osadía, tratándose de un reino en el que hay una gran segregación entre sexos, favoreciendo claramente al masculino y pisoteando al  femenino.
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En los últimos años, la primavera árabe ha sido el escenario para que un grupo de mujeres saudíes se pusiera al volante y desafiara a este sistema patriarcal y homófobo, fotografiándose en los coches y asumiendo el posterior castigo."Impedir que una mujer conduzca un vehículo es hoy un asunto de derechos similar al que evitaba que recibieran educación o tuvieran una identidad independiente", escribió el príncipe “progre”. "Son -agregó- actos injustos de una sociedad tradicional, mucho más restrictiva de lo que por ley permiten los preceptos de la religión".
A pesar de los progresos, las saudíes siguen enfrentándose a una ubicua discriminación. No pueden trabajar, practicar deporte, estudiar, someterse a una intervención quirúrgica, casarse, alquilar un apartamento, matricular a sus hijos en un colegio, abrir una cuenta bancaria, deambular por la calle o viajar sin el permiso de un tutor varón (mahram), ya sea progenitor, cónyuge, hermano o incluso vástago.

Resultado de imagen de saudies al volante mujeresLas primeras reacciones a la noticia de la libertad femenina de conducir han sido precisamente de las mujeres que se convirtieron en el icono de la lucha por ir al volante. Manal al Sharif, una de las principales activistas de la campaña de la primavera árabe que sufrió cárcel tras desafiar el veto, ha escrito en twitter: "último país del planeta que permite conducir a sus mujeres". Es que es cierto, cuesta sacar de una misma una reacción eufórica, comparada con la de haber hecho algo pionero, cuando es una práctica más que habitual en el resto del mundo.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Cuando llega el perdón

Clemencia, compasión, benignidad, piedad, tolerancia, indulgencia. Hay tantas formas de ponerle nombre al perdón y tan fácil de explicar lo que significa. Pero ponerlo en práctica es realmente difícil, decir “te pido perdón”, lo puedo asegurar, incluso cuando dices “te perdono”, pocas veces es un acto real al cien por cien. ¿Por qué? Pues muy fácil, porque el perdón va precedido de muchas clases de sentimientos y fases emocionales y las emociones no se controlan.
Imagen relacionadaSe ha hecho  que Brad Pitt, después de doce años, le ha pedido perdón a Jennifer Aniston por todo el dolor que le causó cuando la abandonó tras enamorarse de Angelina Jolie durante el rodaje de una película y por no haber sido el marido que ella se merecía. Al parecer, el hecho de encontrarse en un momento trascendental en su vida ayuda a ver mejor lo errores del pasado, recapacitar e intentar deshacer el daño. Obtener la indulgencia de la otra persona ayuda a encontrar la paz para seguir adelante. Entonces, ¿esto sería una disculpa real y sincera o un acto egoísta para sentirse mejor consigo mismo? De ahí la complicación de que ese perdón no sea de “baja calidad”.
¿Y perdonar? ¿Qué ganas con eso? ¿Ser una buena persona? Ahí está: el que perdona también busca, en parte, encontrar una especie de purga emocional que le permita hacer las paces con el pasado y acabar con esos sentimientos de rabia, busca su propio bienestar al fin y al cabo.
El perdón es egoísta entonces… ¿O qué?
Es complicado, porque sinceramente yo soy la primera a la que le cuesta perdonar, y mucho más olvidar, y tal vez por eso me es tan difícil creer que a una persona, cuando le han hecho tanto daño y el perdón le llega tan tarde, sea capaz de hacer borrón y cuenta nueva así, sin más. A lo mejor sí que es cierto que el tiempo contribuye a ablandar el rencor.
Lo que sí que no es cierto es eso de “yo perdono, pero no olvido”. No, perdona (y nunca mejor dicho), pero si no olvidas es que no has perdonado. No sé por qué perdonamos si no estamos preparados, total, no creo que nos vayamos a ganar el cielo por eso, creo que es mejor que llegue esa capacidad de perdonar sincera, y si no llega, oye, qué le vamos a hacer.
¿Somos malas personas por no perdonar? No sé. ¿Nos envenenamos por dentro cuando somos incapaces de conceder ese perdón? Pues puede. Pero la persona agraviada es la que tiene la última palabra; si decide no perdonar, hay que respetarlo. Siempre es mejor un acto de sinceridad.
A veces, a las personas que piden perdón se les ve el plumero, porque lo hacen esperando una respuesta positiva para ellos y cuando no la consiguen, se sienten agraviados (como si cambiaran las tornas). El que pide perdón debe hacerlo desinteresadamente, respetando la otra respuesta, sea o no de su gusto.
Pedir perdón es complicado, perdonar, mucho más si cabe. Pero detectar la sinceridad en ambos actos, eso sí que es difícil.
El post es cortito, pero porque más que para leer, es para la reflexión que viene después...

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Los ángeles de la Muerte

Prostitutas nigerianas que malviven en condiciones infrahumanas, cobrando a los turistas y a los ciudadanos de la zona dos dólares por ofrecer sus servicios sexuales y su cuerpo. Las llaman los "Ángeles de la Muerte" y las puedes encontrar en el barrio de Badia, en la ciudad de Lagos, Nigeria. ¿Por qué “de la muerte”? Si al penoso y miserable panorama que rodean sus vidas les añadimos la enfermedad del SIDA, la palabra “muerte” ya lo dice todo.
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No es una novedad encontrar situaciones de estas en otros lugares del mundo: mujeres hacinadas en pequeñas y sucias habitaciones sin unos mínimos de higiene y ventilación, distribuidas en un pasillo de tablas de madera vieja mientras ellos esperan su turno. ¿Más? Esas mujeres pueden amanecer en una cama deshecha y mugrienta por el continuo ir y venir de todos los hombres que lo deseen durante la noche, para que ese mismo infierno de explotación sexual continúe su marcha normal durante el día.

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Estas mujeres, que no dejan de ser víctimas de una sociedad machista y esclavista y en un país subdesarrollado, pueden resultar igual de placenteras que de mortíferas para sus clientes, porque por sus venas corre una sangre infectada por esta enfermedad de transmisión sexual que tantas vidas se ha cobrado y sigue cobrándose. Sexo sucio y peligroso, porque ellos, los clientes, son conscientes de que estas prostitutas están infectadas del virus del SIDA, y sin embargo les da igual, muchos ni siquiera utilizan preservativo y no hay nadie que les vaya a obligar a hacerlo, aunque sea por prevención para otras personas que no tienen por qué tener nada que ver con este mundo. Este descontrol se traduce en embarazos y más infecciones.
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El taxista que guió hasta este barrio a Ton Koene, el fotógrafo que ha documentado las miserias humanas de esta pequeña parte del mundo le dijo a éste: "Las muchachas de ahí, cuanto más bonitas y más jóvenes, son más caras. Los hombres las visitan como si estuvieran caminando por un supermercado". Y esto no es todo, las aberraciones no son solo el utilizar el cuerpo de una pobre mujer malnutrida e infectada de VIH, pagando una miseria y sin poner medios para no infectarse ellos mismos; dicen que los hombres pagan más por las mujeres más pequeñas, o seamos francos, niñas. Algunas de ellas han contado que también las "visitan los blancos, casi siempre gordos y feos, pero son los que tienen más dinero".
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Nigeria tiene una población de 174 millones de habitantes y es el tercer país con mayor número de personas con sida en el mundo. De acuerdo con un estudio realizado por el Centro Nacional de Biotecnología, cerca de 2,9 millones de personas padecen esta enfermedad, y uno de los focos más peligrosos y descontrolados se encuentran ahí, donde los ángeles de la muerte.

Resultado de imagen de angeles de la muerte nigerianasEl trabajo fotográfico de Ton Koene no es morbo, ni pornografía, ni la plasmación artística de un lugar o un rostro. Es la puta realidad reventándonos en la cara, a nosotr@s, que estamos tan tranquil@s en nuestras casas, tumbad@s en nuestros sofás después de una jornada laboral agradable e incluso monótona, sin ser conscientes de que en algún lugar de Nigeria, existe toda esta mierda y nadie hace nada por evitarlo, porque es muy cómodo mantener un negocio sexual tan rentable en un país tan miserable para los turistas atraídos, aunque la sombra de la Muerte aceche en esos pasillos y en esas habitaciones. Ellas, los Ángeles, solo sobreviven. 

jueves, 31 de agosto de 2017

Guapas todas

Patitiesa me dejó la cantante Pink cuando vi el otro día por la TV el discurso que lanzó en los VMA, cuando recogió su premio Michael Jackson por sus años en la música. Pink sabía que millones de personas la estarían viendo, así que aprovechó para lanzar un speech que pretendía empoderar a su hija Willow, de 6 años, y de paso al resto de niños (y adultos) que estuviesen escuchándola.
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La cantante compartió con el público una conversación que tuvo con su hija, que un buen día le dijo: “Mamá, soy la niña más fea que conozco. Y yo me quedé como, ‘¿Qué?’. Ella me contestó, ‘Parezco un chico con el pelo largo’. Y yo pensé, ‘Oh, Dios mío, solo tiene seis años, ¿de dónde viene todo esto?’". Hombre, saliendo esta conversación de una niña tan pequeña, era para que una madre se preocupara, la situación era peor de lo que podía imaginar: su hija aun no había llegado a la adolescencia y ya tenía que lidiar con las críticas de una sociedad que consideraba que no cumplía con lo que se suponía que debía ser una niña (y después una mujer).
Pink continuó su discurso: “No le dije nada, pero fui a casa e hice un PowerPoint, en donde coloqué a estrellas de rock andróginas y artistas que vivieron como ellos querían, aunque lo más probable es que hayan tenido que soportar críticas constantes, pero que han ondeado esa bandera y nos han inspirado al resto”. Entre los seleccionados había estrellas consagradas y conocidas por todos como Annie Lennox, Prince, George Michael, Elton John y Michael Jackson. 
Después de que la niña viese la presentación, Pink le dijo: “¿Tú ves que me deje crecer el pelo? Y ella dijo, ‘No, mamá’. ¿Tú ves que mi cuerpo cambie? ‘No, mamá’. ¿Tú ves que alguna vez haya cambiado la forma en la que me muestro ante el mundo? ‘No, mamá’. ¿Y me ves llenando estadios en todo el mundo? ‘Sí, mamá’. Así que, pequeña, nosotras no cambiamos; nosotras ayudamos a otra gente a que vean que otro tipo de belleza existe”, concluyó la cantante, ante su familia y el resto del público, todos claramente emocionados.
Resultado de imagen de david bowieMuchas veces la sociedad no logra encajar a personas que quieren vestir de una forma contraria a su sexo, sin que ello implique también el cambio por sus gustos sexuales. Es decir, que si eres una mujer pero te gusta llevar camisa de cuadros a lo leñador, corbata, camisetas de algún equipo de fútbol o de basket, por ejemplo, ya pasas a ser automáticamente una mujer lesbiana. Parece que solo puede haber dos o tres combinaciones en el juego de la sexualidad y, el hecho de mostrar otras posibilidades, o bien asusta o incomoda o confunde a la gente. 
Nos han enseñado que de pequeñas nos debemos apuntar a clases de ballet, elegir el color rosa para todo, jugar con Nenucos y Barbies, ver los dibujos de Heidi en lugar de Oliver y Benji y tantas otras cosas de la vida estereotipadas que, ahora, que parece que todo cambia a una velocidad de vértigo, una niña decide vestirse como un “chicote” y vete tú a saber cómo la miraran los demás, lo que cuchichearán a sus espaldas o lo que le dirán directamente, que esa niña con una personalidad tan definida tiene que dejar de ser ella misma para encajar o lamentarse por no ser lo que los demás quieren.
Imagen relacionadaCantantes como David Bowie, modelos como Bimba Bosé y todo ese pequeño grupo de de famosos que han jugado con la androginia, convirtiéndolo en un estilo de vida, sin no ser otra cosa que ser estéticamente ambiguo, combinando la posibilidad de representar  a los dos géneros, han sido quienes han dado  a conocer esta opción de ser. Existen tantas formas de mostrarse ante el mundo que parece que ya se ha superado el ver a un hombre travestido por televisión sin escandalizarse. Pero ahora surge el problema de tener que trabajar e ir más allá con la sociedad. Con la televisión, internet, las redes sociales etc, los críos han encontrado una ventana a la diversidad, para verla, conocerla y, por qué no, experimentarla. Una niña puede ver a la propia Pink en un vídeo musical con su arriesgado corte de pelo, su vientre y extremidades marcadas por su musculatura, su vestimenta tan ambigua tirando más bien a masculina, y decir “Me gusta el estilo de esa tía, quiero vestir como ella”, puede que porque se refleje en lo que quiere ser ella de mayor, porque se sienta cómoda o por mil razones, y sin que haya entrado en juego el tema de la tendencia sexual, porque hay que saber diferenciar muy bien los conceptos “sexualidad” y “género”. Si a esa niña, que decide vestir como lo que socialmente se denomina una “marimacho”,  se le prohíbe o simplemente se le cuestiona su elección, lo único que se está consiguiendo es anularla como persona, cuando lo que en realidad necesita es sentirse apoyada por las personas que más le quieren y saber que éstos se interesan del por qué de sus gustos.
El cómo nos vestimos y cómo nos mostramos ante el mundo no es solo un acto de coquetería, es nuestra carta de presentación ante los demás, y qué mejor forma de hacerlo que sintiéndonos cómodas y auténticas con lo que nos cubre. Y si encima una persona, con solo seis años ya tiene claro y definido su estilo, no es para echarse las manos a la cabeza, eso es maravilloso, ahí viene pisando fuerte una gran personalidad.

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Bravo por Pink, que se subió al escenario para recoger un premio de reconocimiento musical, pero creo que se bajó de él con el premio a la madre del año, porque mientras otras se esconderían bajo la cama ante las dudas abstractas de una niña tan pequeña, ella se lo supo explicar muy bien a la suya: “OTRO TIPO DE BELLEZA EXISTE”… Y todas tan guapas como las demás.

lunes, 28 de agosto de 2017

Operación retorno

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Estoy tan vaga que ni me he calentado la cabeza con las fotos del post, esta lo resume todo
Como a muchas les ocurrirá por estas fechas, toca vivir nuestro particular viacrucis de la vuelta de vacaciones (he de decir que, cuando me toca las vacaciones en julio, no me pasa esto). Las que podemos, hemos pasado tres semanas en el mundo de Yuppi, que lo podemos llamar también el pueblo, el apartamento en la playa o la caravana plantada en el camping, y donde ha habido una serie de normas, por llamarlo de alguna manera, con las que hemos creado una rutina preciosa que ya termina.
Parece que fue ayer (coño, es que fue ayer) cuando me levantaba a la hora que me daba la gana para prepararme el desayuno y beberme el café lentamente, mientras me veía todos los canales, empezando con Quién vive ahí, que poco a poco lo dejé de ver porque la hora de levantarme se iba atrasando, y seguía zapeando entre los Crímenes Imperfectos, el Espejo Público, El Programa de Verano y La Mañana. Hasta que pensaba que ya lo tenía bien de tanto holgazanear,  porque a las 12 a.m. toca mover el culo a la piscina, donde me espera lo que en cualquier piscina: chapotear y hacer como si hiciese un poco de ejercicio, a pesar de que gran parte del tiempo se va en el ratito ese de “ me tiro, no me tiro…”; marujear con el resto de las “nadadoras”, todas ahí en modo sirena, torrándonos al sol; y oooohhhh, el momento cervecitas con el picoteo que acompaña, que no es precisamente sano. Esos días no se come antes de las tres de la tarde, ¿para qué antes?, total, nadie me espera en el curro… Después el momento siesta/telenovela y cuando te das cuenta ya son casi las ocho, el segundo beer time del día. Y esto solo entre semana, que durante el finde se varía un poco, pequeños detalles que te hacen recordar en qué día vives. De hecho, el no haber tenido acceso a internet y a las redes sociales, dejando abandonado entre otras cosas el blog, ha sido algo que no me ha importado para nada, es más, ha sido liberador.
¿Quién necesita gastarse la paga extra en un crucero de una semana cuando tiene un pueblo donde quedarse todas las vacaciones? Normal que algunas estemos así luego. De un día para otro te toca volver a cambiar esos hábitos que tan poquito te habían costado adquirir y tan interiorizados tenías, para retomar otros tan deprimentes, monótonos y aburridos…
Y ya no solo se retoman hábitos, también esos problemas que parece que guardas en un armario y, aunque ya no los ves, siguen ahí y toca volver a mirarlos a la cara, que te sentías como que ya no existían pero, para nada, están esperando, recordándote que ellos siempre habían estado en el mismo sitio y eres tú la que se ha movido temporalmente.
En fin, durante unos días la vida va a ser para algunas como una M-30 atestada de coches y sobrecargada de humo y contaminación, mientras vemos que el carril de dirección contraria que nos separa una valla y unos tiestos, está despejado y tranquilo. En un lado nos estará mirando con pena la cervecita, las croquetas y los calamares a la romana, mientras que nosotras seguimos caminando y les devolvemos la mira, también con tristeza, pero en compañía de la lechuga, la quinoa y la coca cola cero.
Bueno, que a todo esto, no nos deprimamos. Un buen regreso a septiembre para todas esas currantas que han podido tocar el paraíso durante unos días. No desesperéis, el puente de octubre está cerca.

Keep Calm…