jueves, 31 de agosto de 2017

Guapas todas

Patitiesa me dejó la cantante Pink cuando vi el otro día por la TV el discurso que lanzó en los VMA, cuando recogió su premio Michael Jackson por sus años en la música. Pink sabía que millones de personas la estarían viendo, así que aprovechó para lanzar un speech que pretendía empoderar a su hija Willow, de 6 años, y de paso al resto de niños (y adultos) que estuviesen escuchándola.
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La cantante compartió con el público una conversación que tuvo con su hija, que un buen día le dijo: “Mamá, soy la niña más fea que conozco. Y yo me quedé como, ‘¿Qué?’. Ella me contestó, ‘Parezco un chico con el pelo largo’. Y yo pensé, ‘Oh, Dios mío, solo tiene seis años, ¿de dónde viene todo esto?’". Hombre, saliendo esta conversación de una niña tan pequeña, era para que una madre se preocupara, la situación era peor de lo que podía imaginar: su hija aun no había llegado a la adolescencia y ya tenía que lidiar con las críticas de una sociedad que consideraba que no cumplía con lo que se suponía que debía ser una niña (y después una mujer).
Pink continuó su discurso: “No le dije nada, pero fui a casa e hice un PowerPoint, en donde coloqué a estrellas de rock andróginas y artistas que vivieron como ellos querían, aunque lo más probable es que hayan tenido que soportar críticas constantes, pero que han ondeado esa bandera y nos han inspirado al resto”. Entre los seleccionados había estrellas consagradas y conocidas por todos como Annie Lennox, Prince, George Michael, Elton John y Michael Jackson. 
Después de que la niña viese la presentación, Pink le dijo: “¿Tú ves que me deje crecer el pelo? Y ella dijo, ‘No, mamá’. ¿Tú ves que mi cuerpo cambie? ‘No, mamá’. ¿Tú ves que alguna vez haya cambiado la forma en la que me muestro ante el mundo? ‘No, mamá’. ¿Y me ves llenando estadios en todo el mundo? ‘Sí, mamá’. Así que, pequeña, nosotras no cambiamos; nosotras ayudamos a otra gente a que vean que otro tipo de belleza existe”, concluyó la cantante, ante su familia y el resto del público, todos claramente emocionados.
Resultado de imagen de david bowieMuchas veces la sociedad no logra encajar a personas que quieren vestir de una forma contraria a su sexo, sin que ello implique también el cambio por sus gustos sexuales. Es decir, que si eres una mujer pero te gusta llevar camisa de cuadros a lo leñador, corbata, camisetas de algún equipo de fútbol o de basket, por ejemplo, ya pasas a ser automáticamente una mujer lesbiana. Parece que solo puede haber dos o tres combinaciones en el juego de la sexualidad y, el hecho de mostrar otras posibilidades, o bien asusta o incomoda o confunde a la gente. 
Nos han enseñado que de pequeñas nos debemos apuntar a clases de ballet, elegir el color rosa para todo, jugar con Nenucos y Barbies, ver los dibujos de Heidi en lugar de Oliver y Benji y tantas otras cosas de la vida estereotipadas que, ahora, que parece que todo cambia a una velocidad de vértigo, una niña decide vestirse como un “chicote” y vete tú a saber cómo la miraran los demás, lo que cuchichearán a sus espaldas o lo que le dirán directamente, que esa niña con una personalidad tan definida tiene que dejar de ser ella misma para encajar o lamentarse por no ser lo que los demás quieren.
Imagen relacionadaCantantes como David Bowie, modelos como Bimba Bosé y todo ese pequeño grupo de de famosos que han jugado con la androginia, convirtiéndolo en un estilo de vida, sin no ser otra cosa que ser estéticamente ambiguo, combinando la posibilidad de representar  a los dos géneros, han sido quienes han dado  a conocer esta opción de ser. Existen tantas formas de mostrarse ante el mundo que parece que ya se ha superado el ver a un hombre travestido por televisión sin escandalizarse. Pero ahora surge el problema de tener que trabajar e ir más allá con la sociedad. Con la televisión, internet, las redes sociales etc, los críos han encontrado una ventana a la diversidad, para verla, conocerla y, por qué no, experimentarla. Una niña puede ver a la propia Pink en un vídeo musical con su arriesgado corte de pelo, su vientre y extremidades marcadas por su musculatura, su vestimenta tan ambigua tirando más bien a masculina, y decir “Me gusta el estilo de esa tía, quiero vestir como ella”, puede que porque se refleje en lo que quiere ser ella de mayor, porque se sienta cómoda o por mil razones, y sin que haya entrado en juego el tema de la tendencia sexual, porque hay que saber diferenciar muy bien los conceptos “sexualidad” y “género”. Si a esa niña, que decide vestir como lo que socialmente se denomina una “marimacho”,  se le prohíbe o simplemente se le cuestiona su elección, lo único que se está consiguiendo es anularla como persona, cuando lo que en realidad necesita es sentirse apoyada por las personas que más le quieren y saber que éstos se interesan del por qué de sus gustos.
El cómo nos vestimos y cómo nos mostramos ante el mundo no es solo un acto de coquetería, es nuestra carta de presentación ante los demás, y qué mejor forma de hacerlo que sintiéndonos cómodas y auténticas con lo que nos cubre. Y si encima una persona, con solo seis años ya tiene claro y definido su estilo, no es para echarse las manos a la cabeza, eso es maravilloso, ahí viene pisando fuerte una gran personalidad.

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Bravo por Pink, que se subió al escenario para recoger un premio de reconocimiento musical, pero creo que se bajó de él con el premio a la madre del año, porque mientras otras se esconderían bajo la cama ante las dudas abstractas de una niña tan pequeña, ella se lo supo explicar muy bien a la suya: “OTRO TIPO DE BELLEZA EXISTE”… Y todas tan guapas como las demás.

lunes, 28 de agosto de 2017

Operación retorno

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Estoy tan vaga que ni me he calentado la cabeza con las fotos del post, esta lo resume todo
Como a muchas les ocurrirá por estas fechas, toca vivir nuestro particular viacrucis de la vuelta de vacaciones (he de decir que, cuando me toca las vacaciones en julio, no me pasa esto). Las que podemos, hemos pasado tres semanas en el mundo de Yuppi, que lo podemos llamar también el pueblo, el apartamento en la playa o la caravana plantada en el camping, y donde ha habido una serie de normas, por llamarlo de alguna manera, con las que hemos creado una rutina preciosa que ya termina.
Parece que fue ayer (coño, es que fue ayer) cuando me levantaba a la hora que me daba la gana para prepararme el desayuno y beberme el café lentamente, mientras me veía todos los canales, empezando con Quién vive ahí, que poco a poco lo dejé de ver porque la hora de levantarme se iba atrasando, y seguía zapeando entre los Crímenes Imperfectos, el Espejo Público, El Programa de Verano y La Mañana. Hasta que pensaba que ya lo tenía bien de tanto holgazanear,  porque a las 12 a.m. toca mover el culo a la piscina, donde me espera lo que en cualquier piscina: chapotear y hacer como si hiciese un poco de ejercicio, a pesar de que gran parte del tiempo se va en el ratito ese de “ me tiro, no me tiro…”; marujear con el resto de las “nadadoras”, todas ahí en modo sirena, torrándonos al sol; y oooohhhh, el momento cervecitas con el picoteo que acompaña, que no es precisamente sano. Esos días no se come antes de las tres de la tarde, ¿para qué antes?, total, nadie me espera en el curro… Después el momento siesta/telenovela y cuando te das cuenta ya son casi las ocho, el segundo beer time del día. Y esto solo entre semana, que durante el finde se varía un poco, pequeños detalles que te hacen recordar en qué día vives. De hecho, el no haber tenido acceso a internet y a las redes sociales, dejando abandonado entre otras cosas el blog, ha sido algo que no me ha importado para nada, es más, ha sido liberador.
¿Quién necesita gastarse la paga extra en un crucero de una semana cuando tiene un pueblo donde quedarse todas las vacaciones? Normal que algunas estemos así luego. De un día para otro te toca volver a cambiar esos hábitos que tan poquito te habían costado adquirir y tan interiorizados tenías, para retomar otros tan deprimentes, monótonos y aburridos…
Y ya no solo se retoman hábitos, también esos problemas que parece que guardas en un armario y, aunque ya no los ves, siguen ahí y toca volver a mirarlos a la cara, que te sentías como que ya no existían pero, para nada, están esperando, recordándote que ellos siempre habían estado en el mismo sitio y eres tú la que se ha movido temporalmente.
En fin, durante unos días la vida va a ser para algunas como una M-30 atestada de coches y sobrecargada de humo y contaminación, mientras vemos que el carril de dirección contraria que nos separa una valla y unos tiestos, está despejado y tranquilo. En un lado nos estará mirando con pena la cervecita, las croquetas y los calamares a la romana, mientras que nosotras seguimos caminando y les devolvemos la mira, también con tristeza, pero en compañía de la lechuga, la quinoa y la coca cola cero.
Bueno, que a todo esto, no nos deprimamos. Un buen regreso a septiembre para todas esas currantas que han podido tocar el paraíso durante unos días. No desesperéis, el puente de octubre está cerca.

Keep Calm…

lunes, 31 de julio de 2017

El exceso de postureo perjudica seriamente la salud

Vivimos en la era de las redes sociales; todo lo que hacemos o lo que nos gusta tenemos la posibilidad de hacerlo público y de que en un "click" otros tengan la posibilidad de saber más sobre nosotros y, si quieren, interactuar en base a eso. El postureo ha sido el siguiente paso y a todos nos gusta el postureo, hasta la palabra  suena adictiva, aunque todavía hay gente que no sabría definir exactamente lo que es. Según una R.A.E. alternativa que he encontrado, ya que todavía no tiene registro en los diccionarios, "postureo" es "un neologismo acuñado recientemente y usado especialmente en el contexto de la redes sociales y las nuevas tecnologías, para expresar formas de comportamiento y de pose, más por imagen o por las apariencias que por una verdadera motivación".
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Amistad es hacerse fotos juntas con "morritos" y no publicar
ninguna hasta que todas salgan bien
Hacer postureo no tiene nada de malo, a todas nos gusta publicar un riquísimo desayuno frente a una piscina de hotel, nuestro cuerpo de espaldas mirando el horizonte del mar, el nuevo esmalte  de uñas semipermanente que nos ha hecho nuestra esteticien, nosotras junto a un monumento emblemático durante algún viaje, el selfie con las amigas (copa en mano y el morrochoto en forma de querer dar un beso enorme), cenando con el churri, en una hamaca, apoyada en un deportivo que claramente no es tuyo, tú y tu bebé, tú y tu gatito o cualquier mascota... Hay tantas formas de "practicar" el postureo aplicando los diferentes filtros. Ahora en verano, por ejemplo, parece que si no tienes un enorme flamenco hinchable rosa en tu piscina no eres nadie. Nota: posiblemente haya muchísima gente con su flamenco rosa en la piscina, que lo disfruta a diario y que sin embargo no lo publica, y luego están los fanáticos de Instagram que han comprado el dichoso flotador para hacerse la fotito de turno y después lo dejan ahí olvidado, porque son más de baño rápido y tomar el sol en la hamaca.
Lo que quiero decir es que, en los tiempos en los que estamos y las tecnologías con las que nos movemos, es normal que hagamos lo posible por enseñar el lado más divertido y amable de nuestras vidas; antes eran nuestras agendas de instituto las que hablaban por nosotras, las adornábamos con fotos y poemas para que reflejaran nuestra vida y nuestro estado de ánimo y era donde apuntábamos los contactos de nuestros amigos, quienes a su vez nos escribían en alguna página a modo de "likes", ahora es Instagram el que asume esa función. Pero el postureo, tal y como lo define la falsa R.A.E., ya de por sí es falso y artificial porque todo está predeterminado y super preparado, con la intención de agradar y llamar la atención (y el que diga que no lo hace por eso es que es más falso que el propio postureo). Lo malo es que ya se empieza a cruzar una línea que roza lo enfermizo...
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Fijaos en el cristal 
Recientemente ha sido muy criticada la reina de Instagram, Paula Echevarría, quien de por sí su vida ya es un auténtico postureo: para que todos sus followers se enteraran de que sus vacaciones acababan y que tenía muuucho trabajo, colgó una foto en su asiento del tren, muy concentrada leyendo, lo que parece ser, proyectos profesionales; su intención era que la foto pareciera natural y muy casual, pero claro, con el reflejo de su amiga desde el cristal de la ventanilla, viéndose claramente cómo se esforzaba por sacar el ángulo perfecto de la actriz, se perdía toda la magia que la Paulita pretendía generar. 
Después la influencer Amelia Lina, que ha sido descubierta por sus seguidores, dándose cuenta de pequeños detalles en las imágenes, de que las fotografías en las que se retrataba ella en diferentes lugares del mundo eran falsas, un montaje para aparentar que era una chica chick, una mujer de mundo que probablemente no había salido de su Comunidad Autónoma. 
Aspirante a influencer ante un FALSO fondo de Londres
¿Eso no roza la enfermedad? ¿Que pretendes ganar con que los demás vean lo trabajadora que eres o los viajes que haces? ¿Es que los likes son el nuevo antidepresivo? Podría ser, porque hay gente que hace cosas que no son normal. ¿Dónde está el límite que define cuándo el postureo deja de ser saludable? Porque el querer demostrar a todo el mundo lo feliz que eres con tu pareja, "montar" escenarios de tu vida durante dos horas para que solo los disfrutes durante un "click" de cámara o directamente no los disfrutes, mentirse a una misma hasta llegar a creerse que tiene una vida perfecta... Tal vez sea para tratarse (clínicamente). 
El postureo es divertido e incluso hay ocasiones en los que se encuentra la originalidad y la locura (en el buen sentido) en ellos, ¿quién no se ha desesperado y descojonado con su amiga, haciéndose selfies resultones sin parar, hasta dar con la foto en la que las dos salen perfectas y, por lo tanto, quedando aprobada para subirla al Instagram? Lo malo es que al abusar de él mucha gente la caga, llegando a ser algo cansino e irritante.
A lo mejor me paso de exagerada, pero puede que del enorme flamenco rosa al psiquiatra haya un paso.
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Kendall: "Paso de bañarme, yo solo vengo a fundirme el dinero a estas playas por
practicar
postureo (con mi flamenco), me voy a quedar en esta postura todo el día-"

jueves, 13 de julio de 2017

Me tacho de macho

Las fiestas de los Sanfermines las tenemos ya, prácticamente, finiquitadas para suerte de algunos y pena de otros. A mí, sinceramente, es una fiesta que me da completamente igual, Pamplona me pilla muy lejos y prefiero disfrutar de las de mi barrio, aunque sean mucho menos mediáticas, que irme para allá y meterme entre ese berenjenal de cuerpos blancos y rojos y algún que otro torito que sale bastante mal parado, no me gusta ver a los pobres animales estresados.
Imagen relacionadaCon esto no digo ni critico a la gente que le gusta formar parte de fiestas tan populares y masivas como esta. Dejando a un lado lo que viene a ser el tema del maltrato animal (que eso es un debate a parte), aquí cada uno puede divertirse como  y donde quiera, siempre y cuando no se haga daño y se respete a las demás personas.
A propósito del respeto, el año pasado, a raíz de la violación en grupo a una chica, por esa cuadrilla de animales que hacían llamarse "la manada", por primera vez, la famosa fiesta de los pamploneses, mediática  por sus tradiciones, se vió en entredicho y se habló de ellas no tanto por sus carreras y encierros entre mozos y toros, sino por el ambiente machista que se respiraba allí, generalmente durante la fiesta nocturna, aunque también por el día. Esa polémica parecía que descubría algo insólito, cuando lo más probable es que los abusos, las faltas de respeto y los insultos a la mujer deben de haberse producido año tras año sin que nadie hiciese nada; tuvo que ocurrir algo tan fuerte como una violación para que los ciudadanos y turistas se percataran de cosas que deberían ser inadmisibles.
La plaza del chupinazo, un lugar donde los festeros dan la bienvenida al 7 de julio, donde todos se reúnen como sardinas enlatadas, este año vuelve a ser escenario en el que los sinvergüenzas aprovechan para meterles mano a chicas que van allí a pasárselo bien y disfrutar de la fiesta, no a estar con mil ojos para asegurarse de que nadie les toque el culo, es que es tan evidente que hasta las cámaras de televisión grabaron momentos de esos. Después, una periodista, una chica muy mona, también grabó su experiencia cámara del móvil en mano, para mostrar el otro lado de las fiestas: borrachos comiéndole la oreja, como si de un trozo de carne se tratara; chicas de no más de dieciocho años, algo pasaditas, riéndose ante las cámaras de que "un tío les tocó el culo" y que si lo volvían a ver "le iban a cortar los huevos", 
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Momento del reportaje de "Espejo público"
cuando lo que tendrían que hacer, idiotas de ellas que hacen un flaco favor al resto de las mujeres, es denunciarlo en el momento y no cachondearse y contarlo, como si de una anécdota se tratara, a la cámara de la periodista; y cómo no, los energúmenos, chicos jóvenes, que han crecido en el ambiente de tolerancia, respeto y libertad en el que se supone que nos encontramos, utilizando un argumento de todo lo que está ocurriendo que aún los puedes oír de abuelos de ochenta años, pero no de jóvenes de veinte, "es que se lo buscan ellas por ir tan destapadas", justificando así a esos mierdas que aprovechan el ambiente de fiesta para sobrepasarse con chicas, porque resulta que visten como golfas y lo piden a gritos, aunque ellas digan "NO", aunque evidencien que se sienten molestas.
Al parecer, una fiesta tan de macho, en la que el hombre es el protagonista, el que tiene los cojones bien puestos para correr delante de un toro, valiente él, parece que garantiza que algunos se tomen ciertas libertades y vean como un derecho el sentirse por encima de ellas.
Lo último en ser denunciado, porque la gente parece bastante más concienciada con la situación, han sido las chapas con eslóganes sexistas del tipo "Chupa y calla" o "Sigue leyendo mientras yo te miro las tetas" que se venden en algunos puestos de souvenirs de Pamplona y que algunos mozos lucen con orgullo de macho; los hay mucho más ofensivos, pero en general, estas chapas han sido retiradas. Poco a poco, la gente se va dando cuenta de estos pequeños detalles, que siempre han estado ahí, lanzando esos mensajes implícitos de los que muchos no son conscientes, pero que alimentan y reafirman mentalidades retrógradas y machistas.
Contra todo este revuelo de la fiesta machista y la falta de respeto que hay hacia la figura de la mujer en Sanfermines, la plataforma Acción Contra la Trata (ACT), cuyo objetivo es trabajar contra la explotación sexual de mujeres y niñas  y promover los valores de igualdad dentro de la sociedad, ha estado difundiendo su mensaje con el movimiento que han llamado #metachodemacho, muy válido también en este escenario, dando a entender y metalizando a hombres y mujeres que ser un hombre NO es ser un macho, son dos conceptos muy distintos que se explican muy bien en este vídeo: Me tacho de macho. Ojalá este movimiento consiga sensibilizar a mucha gente en los diferentes ámbitos de la vida, que falta hace.
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Como intentan explicar en ACT en su web, hay hombres "normales", hombres que "sueñan, aman, rien, lloran y sienten que no quieren sentirse atrapados en lo que se supone que es ser un hombre, un macho". Hay hombres que de verdad piensan y sienten que no desean ser el hombre valiente y que infunde miedo, sino que quieren masculinidades ricas en igualdad.
Este verano viene cargado de fiestas de pueblos y barrios, más o menos masificadas, tengamos en cuenta todo esto.




martes, 4 de julio de 2017

Mi nueva novela

Parece mentira pero por fin ha llegado el momento: Descubriendo a Carla, mi segunda novela, ya ha visto la luz después de un año gestándose en mi mente y en mi ordenador y de otros tantos meses de correcciones y pruebas de maquetación y portada, con vistas a ofrecer el 100% y de que los lectores quieran conocerla. La verdad es que acabé harta, llegó un momento en el que creo que vomitaba comas y soñaba sinónimos, confundía fechas y repetía nombres; pero ha valido la pena estas horas entre pantalla de ordenador y páginas de papel. Al igual que con mi primer libro, La Noche de las Perseidas, tengo un run run ahí en mis tripas, preguntándome si esta historia, que es bastante diferente a lo que escribí anteriormente, gustará. Espero que sí.


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Aquí está el resumen del libro, para abrir bocas:


¿Qué pasaría si, mientras indagas para escribir la biografía del escritor más importante del país, encuentras por el camino un sendero alternativo, que te lleva a descubrir algo mucho más sorprendente? A Eva, aspirante a ser algo más que la chica de la fotocopiadora en la editorial donde ha comenzado a trabajar tras terminar la universidad, se le presenta la oportunidad de escribir la biografía del gran Ernesto del Valle, con motivo del cuarenta aniversario del lanzamiento de su primera obra. Además de familiarizarse con el carácter déspota y egocéntrico del escritor, Eva conoce a muchas de las personas que forman parte de su vida, incluso a las que el propio Ernesto ignora, personas como Carla. 
Carla Giovannelli es la tímida y sumisa esposa de Ernesto del Valle, pero lo que nadie sabe es que, detrás de esa apariencia frágil y conformista, se esconde una vida fascinante que Eva no quiere pasar por alto.

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, textoEl próximo día 6 de este mes, es decir, dentro de dos días, estaré por primera vez en la Feria del Libro de Alicante firmando ejemplares de Descubriendo a Carla, en la caseta 37 (Editorial ECU) del Paseode Federico Soto, de 19 a 20 horas de la tarde, solo espero que no haga mucho calor, que Alicante es lo que tiene...
También que sepáis que Descubriendo a Carla, además de venderse en la web de ECU (Ficha de DESCUBRIENDO A CARLA), estará disponible en Fnac, Casa del Libro y librería de El Corte Inglés. ¿Algún interesad@ en hacerle un hueco en su estantería y tenerlo como lectura para el verano?  
Seguimos, pasito a paso.

jueves, 29 de junio de 2017

La cuenta, por favor

Vivimos en una sociedad en la que, sin darnos muchas veces cuenta, lo queramos o no, estamos supeditados a ciertas normas de conducta y moral, mitos y generalizaciones y al qué dirán, por eso no es de extrañar que para algo tan simple y mundano como salir a cenar y pagar la cuenta se convierta en un auténtico pifostio y objeto de discusiones, inseguridades, críticas y un largo etcétera de comeduras de tarro que no deberían ser así ni dedicársele tanto tiempo.


Generalmente, cuando se sale en grupo no debería haber mayor problema: salimos, comemos y bebemos lo que cada una quiere y después se divide la cuenta entre todas las que somos y pagamos a escote,o a medias, que es lo mismo; vamos, yo no sería tan gilipollas de plantearme pagar la cena de todas mis amigas, no soy millonaria, otra cosa es que sea mi cumpleaños o quiera celebrar un éxito profesional o personal y quiera invitar a un aperitivo o a una ronda de cervezas, eso es más razonable. Pero aún así, no pienso que nadie se tenga que sentir con la obligación de invitar porque sea el santo, la jubilación, se vaya de casa el hijo garrapata o lo que sea, esto de invitar se hace porque uno lo siente y le apetece, sin esperar ni tener la intención de que ese favor sea después devuelto por los otros, aunque tampoco estaría mal. Por otra parte, debo decir que yo, por suerte, tengo amigas, contadas eso sí, con las que sé que hoy le pago la cena porque no lleva dinero encima y que me lo compensará otro día invitándome ella, o al revés, y afortunadamente no hace falta que nos lo recordemos ni tenerlo firmado con un contrato legal, pero para llegar a estos niveles estamos hablando de que debe haber detrás una relación de amistad bien trabajada, larga y fuerte, no de la amiga que conocí hace dos meses.



Ahora vamos al terreno pantanoso: las citas. ¿Qué c*j*nes hacemos ahí? Y no me refiero al novio de larga duración ni a los matrimonios, se supone que en estos casos "lo tuyo es mio y lo mio es mio, digo tuyo", nos entendemos, ¿no? Estoy hablando de las primeras cenas que compartes con alguien, que ya de por sí son incómodas, porque cuando empiezas a compartir menús con esa persona que podría ser "superespecial", de repente, tu forma de comer y tragar el vino, que a ti te parecía tan normal, ahora te resulta escandalosamente ruidosa, las normas de conducta en la mesa te parecerán dificilísimas de aplicar y seguramente, no habiéndote ocurrido nunca, en esa esperada cita se te quedará un resto de orégano de la ensalada entre los dientes, y te darás cuenta cuando llegues a casa y te mires al espejo. Triste pero cierto. Si se pierde la naturalidad con la que te enfrentas a las comidas en grupos de amigos, ¿cómo será el tema de pagar la cuenta con una persona que apenas conoces pero que resulta ser una puñetera cita (una palabra cortita, que por desgracia tiene mucho peso)? Algunas mujeres prefieren ser ellas las
que paguen, tal vez para dejar claro su estatus de mujer independiente y que no busca una pareja para ser mantenida; otras hacen todo lo contrario, se hacen las remolonas o se van al baño "a retocarse" justo cuando llega la bandejita con la factura, para ahorrarse el momento incómodo de ver quien paga o para forzar a que pague él, he llegado a oír comentarios como que, como los hombre suelen tener sueldos económicos más altos que los de las mujeres, ¡pues que para eso que paguen ellos! Qué cavernícolas algun@s... Yo soy del grupo intermedio, o al menos pienso igual: las primeras citas son encuentros con una persona prácticamente desconocida, incluso si se le conocía de antes y era un amigo, ahora ha pasado a un nivel distinto y obliga a comenzar una nueva relación de confianza, por lo que volvemos a encontrarnos con un semi desconocido y, sinceramente, yo de un desconocido no espero que me pague la comida ni yo pagársela a él, así que lo lógico es que paguemos la cuenta a medias y ya veremos después, digo yo.
El caso es que algo tan placentero como una buena cena, un aperitivo y unas cervecitas fresquitas con buena compañía, ya sea amigos, familia, pareja o alguien con quien coincidas en la barra, no deberían verse estropeadas por las puñeteras normas de protocolo, y menos por la cartera. En todo caso, lo único que hace falta saber hacer, como dice mi marido, es el gesto universal con la mano para pedir la cuenta y que no todo el mundo sabe hacerlo con gracia y estilo, para que, estemos en la punta del mundo en que estemos, se nos entienda y nos puedan dar la cuenta, lo de cómo pagarla ya iría sobre la marcha, sin agobios.

domingo, 18 de junio de 2017

¿Nos vamos de bodas?

Bueno, creo que para muchas ya queda abierta la temporada de bodas. Sí, porque salvo casos contados (yo incluida, que me casé en abril y porque no pude adelantarlo más), generalmente las novias (no nos engañemos, nosotras mandamos) eligen el mes de junio para celebrar este día; es una época que te asegura buen tiempo y cero tormentas; demasiado buen tiempo diría yo, porque en estos días en los que te asas de calor con solo abrir la ventana, me compadezco de la gente que tiene que llevar trajes de chaqueta o cualquier otra indumentaria protocolaria.
El caso es que desde que llevo yendo o escuchando historias de amigas que van a bodas, desde luego que hay muchas cosas que se mantienen, hay tradiciones de las que no nos queremos deshacer, por mucho que todo lo demás cambie, y a todo eso se le suman las nuevas “cosillas” que se van integrando, sobre todo ahora, que tenemos aplicaciones y webs en las que las novias, en diferentes foros y chats grupales, dan ideas o cuentan cosas novedosas que han hecho en su gran día.
Típicos detallitos
¿Es bueno tanto compartir lo que unas y otras quieren hacer? Seguro que sí, siempre hay detallitos de los que una no se acuerda y poder recurrir a otra gente que está pasando o ha pasado por lo mismo, pues viene bien. Lo malo es que el brainstorm está alcanzando unos niveles de exageración insospechados y lo que para unas es bonito, sencillo y con clase, para muchas otras es aburrido, pobre y soso.
Muchas novias compiten hoy por celebrar su boda en el lugar más original y pastoso, hasta en el Tibidabo he visto que han querido organizar una boda para que los novios se quedaran tranquilos en saber que su boda es
“única”, bravo, me alegro. 
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Boda en el Tibidabo
Las flores, que no consideraba yo que fuera un tema que se tuviese que ir de madre, si una se empeña en que quiere el ramo y la decoración  de la especie Oxalis Versicolor, tranquilas que la tendrá aunque tenga que remover cielo, tierra, floristerías y viveros del mundo; y yo encargando flores silvestres, qué poco cool. Las sesiones fotográficas post boda, a parte de ser una novedad ya no tan reciente volver a vestirse de novios para hacerse fotos artísticas, la gente ya no se conforma con hacerlas en la playa o algún jardín bonito de su ciudad, tiran la casa por la ventana y se llevan al fotógrafo hasta Paris, por ejemplo, para hacer ese reportaje bajo la torre Eiffel. Otra nueva práctica en las bodas es que los novios ya no se conforman con bailar ellos solos o con padrinos para abrir el baile, ahora se organizan
La famosa mesa dulce...
flashmobs con familiares y/o amigos para que la boda sea todo un mega espectáculo musical. Los detallitos que se le dan a los invitados ya no son detallitos, son regalazos, y después de ir a otras bodas y ver lo que se regala es cuando me pregunto: “¿Quedé como una tacaña en mi propia boda o son los demás que se han vuelto locos?”, quiero pensar que lo segundo. Y cuando ves por primera vez una mesa dulce, que todo el mundo conoce y da por sentado que tiene que formar parte del evento, todos menos tú, qué triste y cuán desinformada te has sentido hasta ahora.
Por suerte, a pesar de todas esas excentricidades, hay gente que aún
Invitadas estrella
mantiene los pies en el suelo, que no activa la alarma de pánico cada vez que tiene que ir a una boda, y por eso tenemos la suerte de seguir contando con los invitados estrella que tan divertidos nos hacen ese día. Tenemos por un lado a la amiga llorona, que antes de que el cura o concejal diga una sola palabra, ya está llorando como una magdalena porque todo ese ambiente le resulta tan súper romántico que le embarga la emoción, es la que después se mata con todas para que le den el ramo; están los tíos gorrones, que no son capaces de hacer un mísero regalo a los novios, pero lo compensan dando la nota, ya que son todo un espectáculo; los revolcones esporádicos que surgen entre invitados que no se conocen entre ellos, consecuencia de la gran borrachera que llevan encima, porque al día siguiente, si te he visto no me acuerdo; los del jamón, son los más listos de todos, porque son los que aprovechan en el rato del cocktail, para buscar el mejor momento y lugar para pillar al vuelos los platos que los cortadores de jamón van dejando, a veces con la habilidad de que el plato no llegue ni a tocar la mesa; las chonis, que igual no lo son en su vida diaria, pero a veces el intento por llevar un buen look se les va de las manos y lo que tenemos son indumentarias de poligoneras, más bien sacadas del programa Mi espectacular boda gitana, llegando los novios a decir “no la conozco”; el DJ del momento bailoteo, que pasa por ponerte a las Azúcar Moreno, Raphael, Camilo Sesto y de repente, ¡PUM!, te planta una de Pont Aeri para terminar de desorientarte, teniendo en cuenta además, las copas que llevan de más todos los ahí presentes; las bailarinas para las invitadas que se cansan de llevar tacón, que son horribles, pero nos las ponemos, para ir a juego con las chonis; el puñetero photocall que es demasiado adictivo y una vez que te haces una foto cachonda ya no lo sueltas… En fin, todas esas cosas que son con las que de verdad se disfruta.
Esas horrorosas bailarinas

Os dejo porque el sábado tengo una boda y aún no sé si tengo que llevar mi vestido a la tintorería (de la última fue directo al armario, así de happy soy), solo tres cosas a tener en cuenta. Una: si eres la que casa, procura no juntarte con otras que se van a casar hasta que pase todo, solo servirá para que te comas la cabeza sobre si te estás quedando corta con lo que tienes organizado, mejor no saber de las locuras que quieren hacer las demás. Dos: si vas a una boda en calidad de soltera, evita al grupo de las tías sesentonas, se compadecerán de ti innecesariamente, ya que no se plantean que tu vida sexual sigue activa y la suya no.  Tres: si a los pocos meses del gran enlace te llega la noticia de que la novia se encuentra en estado de buena esperanza, pase lo que pase, no intentes hacer cuentas ni preguntes, el bebé es sietemesino, y punto.
¡Feliz temporada de bodas!