jueves, 9 de marzo de 2017

Yo de mayor quiero ser Emma Watson

Me hubiese gustado tener preparado este post  para el 8 de marzo, pero como buena mujer trabajadora que soy, estuve haciendo gala de ese gran día currando sin descanso. Pero tampoco me preocupa, cualquier día es bueno para hablar de mujeres que se implican en el cambio y en la lucha por los derechos de todas nosotras, y hay algunas que consiguen dejar huella en cada cosa que hacen, imagino que por la fama de la  que gozan y por el propio hecho en sí . Se trata de Emma Watson. ¿Quién le iba a decir a la criaja de las pelis de Harry Potter que conseguiría superar su fama de niña prodigio y llegaría a ser más conocida en muchos momentos por sus discursos feministas que por su trabajo de actriz o su afortunado físico?
Emma Watson es una de las figuras más destacadas de la industria cinematográfica actual, más ahora, que va a estrenar  el clásico de Disney La Bella y la Bestia (yo ya cuento los días para ir a verla…)con personas reales, una película que creo que a todas nos enamoró y que fue una de las pioneras en cambiar la imagen de la princesa Disney que se dedicaba a fregar suelos y a esperar a que su príncipe azul la salvara, para convertirse en una mujer con aspiraciones más grandes y, en este caso, una auténtica intelectual que valora la palabra escrita y desarrolla su imaginación a través de los libros; ese personaje le viene al pelo a la Watson, creo que los del casting de la película dieron en el clavo al elegir a una floreciente actriz que, a pesar de que la fama le llegó bien pronto, lejos de abandonar sus estudios, se licenció en Literatura Inglesa, compaginando su carrera de cine y moda con la universidad, pero también con proyectos de filantropía y de sostenibilidad ambiental. Y claro, todo  esto lo veo yo, con treinta y un años, y no me queda otra que alabar y admirar a esta chica que con veintiséis ha conseguido hacer todo lo que una se podría proponer en su lista imaginaria de “cosas que hacer antes de morir”, creo que solo le falta plantar un árbol y escribir un libro… o a lo mejor también lo ha hecho y yo no me he enterado.
Pero algo que creo que es super importante y que hay que saber de Emma Watson  es que no se le ha subido el pavo a la cabeza, sabe lo que piensa y cómo decirlo y transmitirlo, e imagino que por eso es una destacadísima abanderada del feminismo. Como parte de su compromiso como embajadora de buena voluntad de la ONU, la actriz ha sido vocera de la campaña HeForShe (EllosParaEllas), que pretende que los hombres se sumen a la lucha por la igualdad de género y en contra de la discriminación y se ha pronunciando en favor del empoderamiento de las jóvenes. Sorprendentemente, a raíz de esta campaña y a su trabajo como activista feminista, ha recibido amenazas, pero al parecer no sirvió para callarla. Hay que ver y escuchar el discurso que hizo para la ONU, es algo más de diez minutos, pero no tiene desperdicio...

EMMA WATSON:DISCURSO SOBRE IGUALDAD EN LA ONU (HeForShe)



Sin palabras.
Una de las recientes actividades que también ha protagonizado Emma Watson y que a mí personalmente me encanta y que tiene que ver mucho con lo que transmite su personaje de Bella, el feminismo y el fomento a la lectura, es el curioso juego de esconder libros por el metro de Londres, muy original. Se trata del proyecto comunitario Books On The Underground, que fomenta la lectura dispersando varios libros por el transporte público y al que Watson se unió, escondiendo varios ejemplares de su última lectura por las estaciones de metro de Londres. Mom & Me & Mom de Maya Angelou, es el título de la novela en cuestión y que también forma parte de la lista de libros del club feminista Our Shared Shelf que ha fundado Emma (esta chica no para quieta).Para que este experimento tuviese repercusión, Watson publicó en su cuenta de Instagram un vídeo mientras descendía por las escaleras mecánicas del metro de Londres, dejando uno de los libros a medio camino. La cuenta del club de lectura en esta red social subió algunas imágenes de los lectores que encontraron el libro, que incluía una dedicatoria de la actriz. En el escrito, Watson explicaba la iniciativa y animaba a compartir las opiniones en el club de lectura, además de pedir que volviesen a dejar el libro en el suburbano para que otra persona lo encuentre. ¿Qué os parece la iniciativa?



Ya, como último añadido, tengo que recalcar la elegante forma que Emma ha mostrado para defenderse de las acusaciones de una periodista que, tras haber aparecido semi desnuda en una sesión de fotos de Vanity Fair, la ha tachada de hipócrita, basándose en que no puedes ser feminista y enseñar los pechos en una revista (¿Perdón?).  Emma Watson se explico muy claramente:“El feminismo trata sobre dar a las mujeres oportunidades. El feminismo no es un palo con el que golpear a otras mujeres. Va sobre la libertad. Sobre la liberación. Sobre la igualdad. Realmente no sé qué tienen que ver mis tetas con todo esto. Es muy confuso”. Y es que tiene toda la razón del mundo, de hecho, no me extiendo más, porque es un tema para tratar más ampliamente en otro post: La gente está muy equivocada con lo que realmente es el feminismo y esta chica, a raíz de una dura crítica (de otra mujer), ha sacado un mensaje y una conclusión muy importantes.

En fin, creo que ha quedado muy claro lo que admiro a nuestra colega Emma, y eso que no he visto ni una sola película de Harry Potter (¡Sí, lo confieso! ¡Lapidadme!), la cosa va por otro lado y no tiene nada que ver con la admiración interpretativa. Actriz, modelo, intelectual, activista, filantrópica, feminista… ¡Yo de mayor quiero ser Emma Watson! Y lo dice una que le saca cinco años… Igual aún no llego tarde.

viernes, 3 de marzo de 2017

La La... ¡Ups!

¿Quién les iba a decir a Martha Ruiz y Brian Cullinan que una simple equivocación y una momentánea falta de determinación, debida a un bloqueo, les iba a dejar sin uno de los posiblemente trabajos más interesantes del mundo? A ver, sueno exagerada, pero seguro que para los amantes del cine sería su sueño conocer de memoria antes que nadie los nombres de los deseados premios dorados y encargarse de ordenar y repartir, a pie de escenario, los sobres con los resultados a las estrellas a quienes les toca anunciarlos. Pero por lo visto debe de ser una responsabilidad muy grande y el hecho de que durante unos minutos subieran al escenario y dieran su discurso los falsos ganadores de la categoría de Mejor Película, La La Land, ante la atenta mirada de un confuso Warren Beatty, para después corregir el error y otorgarle el premio a su legítimo dueño, Moonlight.

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¿Que deja mucho que desear la organización de una gala en la que se invierte mucho dinero? Vale. ¿Que el elenco de La La Land puede que haya pasado por una bochornosa derrota? No pasa nada, tienen más Oscar con los que recobrarse. ¿Qué en este caso, por una equivocación, aunque sea por unos minutos, pero casualmente con el premio más esperado (mejor película), los dos responsables de la coordinación de sobres de premios y presentadores hayan sido vetados de volver a participar en una gala como esta? De acuerdo, es un trabajo, una responsabilidad, y si no das la talla, fuera; pero que después de esto, estas dos personas, Martha Ruiz y Brian Cullinan, hayan requerido de personal de seguridad por recibir amenazas de muerte de, imagino, fanáticos del cine, esto es demasiado, intolerable.
Pero no nos engañemos, esto pasa, a ver, a pequeña escala. Nos escandalizamos por los errores mediáticos como este o la equivocación de un cantante en un concierto, alguna contestación desafortunada de un político o futbolista. Pero en la vida real, tod@s cometemos errores garrafales y tod@s estamos esperando a que nuestro prójimo meta la gamba para descuartizarle despiadadamente, no tenemos ningún tipo de miramiento.
Ahora, porque gracias al Facebook nos es más fácil acordarnos, pero, ¿cuántas veces nos habremos equivocado al felicitar un cumpleaños? ¿Cuántas veces hemos escrito un wasapp a un grupo por error, privado, cuando en realidad queríamos mandárselo a una persona particular? ¿Cuántas veces habremos llegado tarde al trabajo por una confusión de los turnos, dejando al pobre compañero colgado? ¿Y la madre que le explica de forma equivocada a su hijo un tema del colegio mal, y luego el pobre chaval suspende el examen, quedando ella también como el culo? ¿Y cuando estás en una discoteca con un tío mirándote todo el tiempo y cuando ya te pones en plan sugerente te das cuenta de que a la que mira es a la de atrás tuya? Planchazo, planchazo, planchazo. Una vez, no lo olvidaré nunca, me acerqué a darle la enhorabuena a una conocida por su embarazo (es que tenía barriga de embarazada claramente) y desee que la tierra me tragara cuando ésta me contestó que había dado a luz hacía dos meses, señalándome el carricoche que llevaba su marido un poco más alejado… qué shock, por un momento me cayó el sudor frío y no sabía qué hacer, pero después pensé, que no es para tanto, no era nada descabellado, solo una confusión.
¿No hay un dicho que dice “Errar es de humanos”? Pues a veces se nos olvida. Parece que tenemos que saber en todo momento qué y cómo hacer las cosas y si nos equivocamos, solo disponemos de dos milésimas de segundo para rectificar de forma correcta, está prohibido bloquearse.
Por cierto, una forma de bloquearse es seguir el rollo hasta estar metida hasta el cuello, me explico: eso de que comienzas una conversación y no sabes de qué va, pero tú te haces la resabida, actuando por intuición o supervivencia, y después no saber cómo salir airosa y todo por la puñetera presión social que tenemos a veces de ser conocedores de todo. A mí me paso de que una vez me encontraba escuchando una ponencia y al parecer la ponente me conocía, me llamaba por mi nombre y todo, pero yo no le di importancia, ya que habíamos dicho nuestros nombres al principio de la sesión y podía ser que se hubiese quedado con el mío; al terminar la charla, la chica vino a mí, me saludó con dos besos y me preguntó por mi trabajo… yo me quedé blanca y en ese bloqueo mental solo se me ocurrió decirle “Muy bien, ¿tú que tal? ¿Cómo va todo?”, la conversación fue muy rara, la chica tan agradable y yo, súper artificial, intentando defender la mentira surgida de un bloqueo; cuando la ponente ya se fue, mi amiga que estaba a mi lado, aguantándose la risa me dice “No la conocías de nada”. Si mi amiga se dio cuenta, la otra debió de pensar que yo era retrasada mental. En fin, otro lapsus, en este caso, intentando que la mierda no se hundiera hasta el fondo.

Por eso me hizo tanta gracia el bombo de los Oscar. A lo mejor soy yo la única gilipollas que erra sin parar y por eso veo tan normal la equivocación al leer la entrega de un premio. Pero yo creo que no, aquí todos nos marcamos de vez en cuando nuestro propio La La Land, pero en esta vida  cuanta tanto la fachada de perfección que estas cosas que podrían quedar en anécdotas para que tod@s nos riamos un poco con y entre nosotr@s mism@s, nos toca taparlas con una impoluta imagen de corrección y pureza. 

lunes, 27 de febrero de 2017

Violencia de género también entre octogenarios



Mira que muchas veces me digo a mí misma “Elena,  no pongas las noticias, total, para lo que hay que ver”. Y es cierto, a veces incluso no hace falta enchufar la tele para enterarte, simplemente con sentarte con las amigas y que surja un tema que te lleve a alguna noticia reciente, y ya está, una nueva desgracia de la que te enteras.
Homicidios suceden a montones, de todas las clases sociales, colectivos, edades, nacionalidades… Yo sigo muy de cerca el tema de la violencia de género, se me puso la carne de gallina cuando el otro día escuché que ya llevamos dieciséis víctimas mujeres a manos de sus maridos, novios o ex parejas. Dieciséis. Y aún no hemos terminado febrero cuando se anuncia ese dato. Silencio.

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Dentro de este hervidero de violencia me han sorprendido bastante los homicidios de octogenarios. Sí, hombres que parece que se vaya a quebrar con un mínimo estiramiento de columna y que caminan arrastrando los pies con sus pantuflas de cuadros, acompañados del ruido del roce de sus pañales XL para adultos al andar. Suena tan pueril, tan frágil, como si estuviera describiendo a un parvulario indefenso. Y resulta que ellos también lo hacen, matan a sangre fría a sus compañeras de vida, y nunca mejor dicho. Esta última semana dos casos, y uno de ellos me lo han explicado muy de cerca.
¿Qué les lleva a hacer eso, cuando prácticamente ya han pasado  incluso lo peor juntos?
Puede que en algunos casos se trate de maltratadores jubilados a quienes se les ha ido la mano,  en un intento de volver a sus antiguas costumbres? Es posible: las ancianas esposas del siglo pasado, que siguen acompañando a su marido en el ocaso de sus vidas, pueden ser unas serviciales sumisas, antes estaba bien visto pegarle una paliza a la mujer, para enderezarla y denunciar eso ni se les pasaba por la cabeza, ¡qué vergüenza! ¿Qué diría la familia?; si aguantaron años de maltrato y vejaciones en sus mejores años, la edad de oro es  pan comido. Hay casos que, con solo leer las características del matrimonio lo ves: blanco y en botella.
Pero también hay otra rama en esta tendencia de asesinatos geriátricos que tanto eco se están haciendo. ¿Y si no todos son catalogables como “violencia de género”? ¿Y si es la única alternativa al no poder disponer de una digna eutanasia? Esperen, no me lancen aún verduras podridas. Hace unas semanas, tal vez meses, no me acuerdo con exactitud, saltó otra noticia de éstas que me hizo plantearme esta cuestión: Un anciano le quita la vida a su mujer, que padecía una muy avanzada demencia senil, con momentos de agresividad, desde hacía algunos años. Él la cuidó durante mucho tiempo a pesar de los ataques y los momentos de impotencia que provoca esa enfermedad a los cuidadores, más aún si ese cuidador es un anciano. Viendo que él ya no podía más, que su mujer no era ya su mujer, ni siquiera quedaba un resquicio de lo que ella fue, decidió quitarle la vida de la forma menos dolorosa posible, siguiéndola él después en ese último viaje, ya que, según explica él en la nota que dejó previamente, ante la opción de ver a su mujer de esa manera o de vivir sin ella, prefería acabar con el sufrimiento de los dos y permanecer así a su lado.
Esto puede crear unas controversias y un debate moral de la ostia, porque hay quien piense que este caso particular sea digno de quedar exento del montón de los de “violencia de género” y otros pensarán que nada de excepciones: lo hecho, hecho está, no hay matices.
La violencia nunca ha de estar justificada pero, ¿es siempre todo violencia? ¿O puede que haya una delgada línea roja a tener en cuenta? Cuando una persona hace uso de su fuerza (claramente superior a la de la otra persona) para dominar a alguien e imponer sus deseos o decisiones, mediante el miedo y la sumisión, eso es violencia; esa violencia puede acompañar a dos personas durante toda su vida, habiéndose vuelto tan normalizada, que puede ser un rasgo que pasa desapercibido ante otras personas; otras veces, esa violencia se vuelve incontrolable y termina convirtiéndose en noticia del telediario, formando parte de estadísticas y cifras anuales de violencia de género, por ejemplo.
El caso es que me he ido por los cerros, comenzando por la violencia de género entre parejas octogenarias, y termino planteándome un debate bastante duro sobre qué diferencia la violencia sin piedad de una concesión para terminar con una vida que ya no es vida.  Puede que esté bastante relacionada la combinación de palabras  “matrimonio de la tercera edad”, “poner fin a una vida” y “eutanasia informal”. Aunque antes de lanzarse a dar una opinión habría que cerciorarse de ciertos detalles, como saber si realmente se pone fin a esa vida dignamente o si también sucede esto a la inversa, es decir, si se da el caso de mujeres que ayudan a sus maridos ancianos a terminar con su agonía.

O tal vez esto es demasiado fuerte y nadie está preparado aún para contestar a todo esto…

domingo, 26 de febrero de 2017

Algunos retales de Carnaval



Adoro Carnavales, siempre me ha gustado. Sin embargo, ahora me encuentro en esa fase algo desmotivada en la que me falta ese grupo “remolque” con el que lanzar el fuego de artillería para estas ocasiones. La tropa con la que siempre me he ido con bolsa de botellón en mano para celebrar ese Carnaval alocado y guerrillero ya no existe o ha encontrado otro modo de disfrazarse y festejar más apaciguado. Yo de momento observo y pienso cual es mi siguiente paso y cómo podría reincorporarme a la tradición del Carnaval para el año que viene, que ganas no me faltan, y rememoro las fases carnavalescas que tantos recuerdos buenos me dejan, como si de un collage de imágenes o un montón de retales cosidos todos juntos se tratara…
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Empezamos por cuando eres un bebé, de eso una no se acuerda de no ser por las fotos, pero de los 0 a los 3 años, más o menos, es el único periodo en el que tu opinión no cuenta para nada y los mayores te disfrazan de lo que les apetece o bien eres el conejillo de indias de la abuela convertida en diseñadora de disfraces. Mucho tul, gomaespuma y otros ingredientes sacados del Art Attack, para dejar a un querubín más adornado que un árbol de Navidad.
La siguiente etapa es la de los estereotipos, claramente. Si eres niña, solo querrás que te disfracen de princesa, hada o princesa-hada, y si eres niño el tema es mucho más fácil: superhéroes. Pero las niñas pasamos por esa fase merengue en la que nos creemos las protagonistas de los cuentos de hadas… Aún nos queda tanto por saber de cuentos de hadas.
Hay una fase, al menos yo la he vivido así, en la que ni eres niña ni eres adolescente, estás en tierra de nadie, desgarbada, patito feo total, sin ganas de sentirte coqueta porque lo que ves ante el espejo es tan poco inspirador. Es cuando tampoco te calientas mucho con los disfraces: algo cómodo y fácil de poner y quitar, y que no sea necesario ir a una tienda a buscarlo ni hacerlo. Ya está: el baúl de los trapos viejos de la abuela, la ropa de trabajo de papá y cosas así, porque en estos momentos lo mismo te da disfrazarte de maruja o de Rambo, solo quieres ir cómoda y pasar desapercibida.
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A partir de los 15 años y bastante más en adelante, ya es la repanocha. El primer año te atreves con un disfraz que te haga sentir más mayor, más mujer y de ahí, sin que haya una señal o un detonante que prepare a los pobres padres para eso, pasas a ponerte cualquier disfraz, recortado dos palmos sobre la rodilla, para poder añadirle el “puta” detrás. Monja-puta, enfermera-puta, caperucita-puta, carcelaria-puta… Sabéis por donde voy, ¿no? Ahora que lo pienso, ¡Qué manera más barata y facilona de auto vejarnos! Pero esa fase existe, por desgracia.
Por suerte, después nos volvemos más originales, la fase en la que intentamos calentarnos la cabeza para lucir un disfraz, ni sexy ni cómodo, sino innovador, gracioso. Ya entramos en la auténtica temática del Carnaval: disfrazarnos para reírnos y hacer reír.
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  Ahora, después de recordar todos los disfraces, las fiestas con las amigas, el primer toque de queda “flexibilizado” gracias a la excusa de esta fiesta, los brebajes de alcohol que te hacía llegar a casa medio cocida, el ritmo de las batucadas callejeras y las visitas a las tiendas de adornos y disfraces para ver qué toca este año, estoy deseando que pase esta etapa rancia y, por qué no, un poco gris, y espero poder decir el año que viene que me ha vuelto a invadir el espíritu carnavalesco, con sus colores, sus ruidos, sus ridiculeces y todo.

martes, 14 de febrero de 2017

Tomen nota, ñoñ@s de San Valentín y Facebook

Para mí, San Valentín no ha sido un día de mi vida que señalara en mi agenda con rotulador fosforito y corazones, primero porque o bien no tenía pareja o si la tenía siempre me las apañaba para estar "dándonos un tiempo" por esas fechas (qué ojo) y después, sumado a mi poco entusiasmo, mi marido tampoco es un gran fan del angelito gordo que lanza flechas de corazones (lo que no quiere decir que de vez en cuando
no nos mimemos y hagamos cosas que sirven para mantener encendida esa llama). No se, simplemente no nos va eso de profesarnos amor incondicional ese preciso día mediante flores, bombones o declaraciones públicas en Facebook, aunque debo decir que no nos va en general demostrar lo felices que somos y lo enamorados que estamos a nuestros 300 amigos íntimos + los conocidos de la red.
Que te sorprendan en San Valentín debe ser super bonito, pero que te hagan algo especial un día cualquiera, inesperado y, ¿por qué no? íntimo y privado, es flipantemente bonito y además, sorprendente. Eso no quiere decir que si mi Tonet me propone irnos un 14 de febrero a cenar le vaya a decir que no, tampoco hay que ser tan cerrados, pero que no sea por que es EL DÍA, sino porque nos apetece compartir ese rato juntos.
El tema de las declaraciones de amor a través de las redes sociales, con o sin San Valentín de por medio, a mí sí que me tenía ya mosca. Al final le preguntaba a mi pareja, ¿es que somos muy sosos? ¿no nos demostramos lo suficiente que nos queremos?, también ya un poco en plan de humor de ver tantas parejas de Facebook escribiendo parrafadas románticas, enseñando los increíbles (y caros) regalos que se habían hecho últimamente, restregándonoslos por la cara sin piedad, los cada vez más asiduos selfies "Follow me to", las típicas fotos de lo que están haciendo, posando juntos y acaramelados, sin olvidar poner la ubicación y el "me siento..." con el emoji de turno. Hay veces que veo la foto de una parejita posando, prácticamente en directo, felices en un restaurante, con su plato de comida de diseño en plan "mirad qué bien nos lo montamos" y a mí me entran ganas de decirles "Pero, ¿qué hacéis que no empezais a comer, coño? ¡Que la comida se enfría!", porque detrás de ese selfie de felicidad absoluta hay diez minutos de "a ver cómo nos ponemos", tomas falsas, pasar la foto por filtros y pijaditas de esas, pedir el wifi al restaurante porque no carga y por fin la foto se cuelga y probablemente se pasen el resto de la velada mirando si la gente le da a me gusta o contestando a los posibles comentarios. Pues menudo plan.
Por suerte, uno de esos  estudios raros que hacen en la Universidad de Catamarruc y que tanto me gustan a mí, ha puesto las cosas en su sitio, confirmando que las parejas que publican continuamente su amor y todo lo que hacen en Facebook son menos felices que las que no lo hacen. ¿Habeís leido, parejas sosas del mundo? ¡Resulta que somos más felices que los ñoños! Yo convencida de era al revés, o  al menos, eran más entusiastas con un amor igual de intenso. Al parecer, la parejas que publican tanto y esperan a contar los "me gusta", no son parejas realmente sanas y necesitan tener la aprobación, la envidia o la expectación de otros para sentirse seguros con su media naranja y la relación que mantienen, porque, la realidad es que las parejas felices no tienen ninguna necesidad de exhibir su vida. Aquí toda la información:
Al parecer, el amor que sugiere imágenes como estos posados...

es menos creíble que el de éstas imágenes menos ¿artificiales?:
                            



A ver, que esto  es como todo. Que porque yo un día cuelgue una foto mía y de mi marido con la torre Eiffel de fondo no quiere decir que tengamos que pedir cita a un terapeuta de parejas, hay cosas que nos gustan y nos entusiasman tanto realmente que es inevitable y no hay ninguna necesidad que nos guardemos, lo enfermizo es estar poniendo diariamente lo que haces con tu novio, como si al resto de la humanidad le importara. Incluso puede que en un día como el de San Valentín sea completamente normal que muchas parejas compartan algún posado acaramelado o alguna frase no apta para diabéticos dedicada a su relación porque es algo que está socialmente muy arraigado y lo comprendemos, también los sosos, sí. 
Pero no olvidemos que a lo que realmente hay que dedicarle tiempo es a las rutinas de la pareja, no al postureo de la propia pareja. Ya utilizamos demasiado las redes sociales y otras aplicaciones en los móviles que nos mantienen en estado zombie. Si quieres inmortalizar y recordar un momento bonito en pareja, déjate de selfies y emojis y cómprate un álbum de fotos para ver y recordar esos momentos abrazada a tu pareja en la intimidad de tu casa.

viernes, 10 de febrero de 2017

La polémica de los remakes femeninos

¿Qué os parece esta moda que existe últimamente de coger una película con héroes masculinos que ha tenido cierto filón y relanzarla renovada con protagonistas femeninas? El ultimo ejemplo es que ahora mismo se está rodando Ocean`s Eight, no se trata de una nueva entrega de Danny Ocean que protagonizaba George Clooney sino de una nueva banda de ladronas dirigida por la hermana de Ocean, y, teniendo en cuenta las críticas que está habiendo últimamente con los remakes femeninos, los responsables de este proyecto se ve que no han querido pillarse los dedos y han decidido contar con acrices de la talla de Sandra Bullock, Anne Hathaway, Cate Blanchet o Helena Bonham Carter entre otras pero, ¿será suficiente?

Recordemos cómo fue bochornoso el recibimiento de las nuevas Cazafantasmas, que les dieron por todos los lados, hubo acoso machista, insultos en general y ataques racistas en concreto hacia una de ellas, que tuvo que llegar al punto de tener que abandonar las redes sociales. Vamos a ver, una película es una película, si es un triunfazo de esos que se conseguían en los 80 y más de 20 años después una compañía de cine decide recuperarla y, supuestamente, mejorarla, muchas veces se encuentran con los fans tradicionales y sentimentales convencidos de mantener intacto el recuerdo de un clásico y seguro que hay críticas duras, siempre las hay. Pero muchas mujeres relacionadas con el mundo del cine se han llegado a preguntar que si este remake de Cazafantasmas lo hubieran protagonizado hombres, si habrían sufrido el mismo tipo e intensidad de ataques a los que se han visto expuestas las 4 actrices; lo dudo mucho, habría habido ataques contra la película en sí, pero nadie habría criticado la tendencia sexual de uno, el físico de otro o su color de piel. Por favor, se supone que estamos en el siglo XXI, a pesar de la era Trump, y es una lástima que en cuestiones laborales aun sigamos así. Porque a mi modo de ver, una actriz es una trabajadora a la que le pueden ofrecer un puesto de trabajo típico de hombre (interpretar a un cazafantasma, arqueólogo aventurero, detective, ladrón de bancos...) y demostrar a los críticos y espectadores que puede hacerlo. Si es que al final una no termina de defender causas, ayer era el sufragio universal y hoy es poder interpretar un papel cinematográfico sin sufrir críticas sexistas.
Ahora va mi opinión. Yo nunca he sido partidaria de los remakes en general, o sea que de los femeninos tampoco y no por el hecho de ser mujeres, ojo. Prefiero quedarme con el buen sabor de boca que te deja lo que se convierte en un buen clásico. Pero hay que ampliar las opciones de la mujer también en el cine, porque es uno de los mejores medios para difundir el mensaje de que hay que educar fuera de las convicciones del patriarcado. Lo único que hay que hacer es echarle un poco más de imaginación, y crear un personaje femenino con fuerza y personalidad desde cero, como hicieron con Indiana Jones, nada de ser la hermana o la prima de un personaje mítico o la versión femenina de otros.
Queremos asesinas de zombies, guerreras espaciales, peluqueras que tengan una doble identidad de espía, arqueras de la edad media, una policía con poderes extraordinarios, la capitana de un submarino... No es necesario conseguir a una heroína a través de un tema ya usado y quemado, se pueden encontrar grandes personajes fantásticas o no usando la imaginación. Pero si a alguien se le ocurre hacer una película de Los Intocables en versión ellas, no seamos trogloditas, juzguemos la película y la calidad del trabajo de las actrices, no sus culos y sus tetas ni nada que vaya dirigido con fines sexistas y ofensivos.

martes, 24 de enero de 2017

La tribu de los Kingston

A veces criticamos a otras culturas por sus tradiciones y sus estilos de vida que son tan diferentes los nuestros, los occidentales. Vemos a un musulmán trajeado con su séquito de cuatro o cinco mujeres tapadas de arriba a abajo con ese saco tan horrendo al que llaman burka y, evidentemente, no lo esconden: él es el machito y ellas sus sumisas esposas, y quienes vemos ese panorama pensamos “¡qué cultura más espantosa!” y nos preguntamos cómo esas mujeres aguantan eso de compartir un hombre mientras ellas ni siquiera pueden compartir sus rasgos femeninos ante el resto de las sociedad, y lo atribuimos todo a las tradiciones del país, la falta de cultura y la presión de la comunidad. Ojo, y seguramente sea así, pero jamás nos atrevamos a pensar que los occidentales nos llevamos el premio a la ejemplaridad porque, si
Mormones
dijera que existen grupos polígamos ilegales, que ocultan su condición al resto de la sociedad y tienen sometidas a sus mujeres en condiciones que poco tienen que ver con el estilo de vida de ellos y a base de comeduras de cerebro tales como que Dios lo exige y que la función de ellas en la vida es esa, y que precisamente gran parte de estos grupos se encuentran en países tan “avanzados” como E.E.U.U., ¿pensaríais que es verdad? Pues sí, lo es.
Tendemos mucho a criticar a todo lo que no es socialmente occidental, la poligamia la consideramos una práctica retrógrada, machista y muy vinculada con la comunidad árabe, pero vayámonos a un estado de E.E.U.U., Utha, por ejemplo, y nos encontraremos a grupos como la comunidad Kingston, mormones fundamentalistas que, a pesar de que sea una práctica ilegal, viven en la poligamia para poder reproducir más Kingstons, a base de matrimonios entre primos, tíos y sobrinas, medio hermanos… vamos, que van por el camino de la realeza europea, para acabar todos hemofílicos perdidos. Pero lo de los líos incestuosos es irrelevante cuando vemos cómo funciona el sistema piramidal de estas poco apropiadas “polifamilias”: Está el líder Kingston, el fundador de la comunidad y en un siguiente escalón sus hermanos, digamos que estos deciden con quién se casa cada cual, beneficiando más a otros Kingston más viejunos y menos atractivos para casarlos con jovencitas que no
Líderes Kingston

Paul Kingston y una (pequeña) parte de su familia
alcanzan los veinte años, probablemente hijas o sobrinas de los primeros; ellos se pueden casar una y otra vez sin tener en cuenta a sus otras mujeres e hijos, total ellas, desde el momento en que nacieron, fueron educadas simplemente para servir al marido y proporcionarle más hijos para engrandecer la comunidad (en este caso, la Kingston, pero en las otras funcionan del mismo modo),son mentalmente anuladas a basa de continuos lavados de cerebro que terminan por meterles en la cabeza que, practicando la poligamia, alcanzarán la gloria divina y se ganarán un puesto en el Paraíso y que no hacerlo va en contra de los deseos de Dios y, por supuesto, ellas se lo creen y si no se lo creen, el miedo, la intimidación y cualquier tipo de abuso psicológico o físico hacen el resto y las convencen para seguir por ese camino. ¿Cómo se mantienen con tanta mujer y tanto churumbel naciendo? Estas comunidades, corrijo, los líderes de estas comunidades tienen mucha influencia y dinero gracias a sus negocios que generan mucho dinero y generalmente tienen contratados a miembros de la comunidad con sueldos bajos, algo que les beneficia todavía más; viven en zonas residenciales, barrios que a simple vista podrían ser de clase media-alta, pero aislados del resto de la sociedad, ya que hay ciertas cosas que no pueden saberse, además, no siempre las esposas viven con los maridos, generalmente las colocan en viviendas muchísimo menos lujosas que las casas “oficiales”, y allí permanecen: solas, aisladas del resto, criando sin ayuda a una tropa de 10 o 12 hijos y esperando a que el “macho alfa” se deje caer un día por allí para volver a embarazarlas y así hacer crecer la comunidad, a base de nuevas niñas que equivalen a nueva carne fresca para los coleccionistas de esposas y, en otros casos, niños que se convertirán en los mismos monstruos que son sus padres.
Documental de 3 ex Kingston
que escaparon de la comunidad y
que ahora ayudan a otras
mujeres a hacer lo mismo.
Es súper difícil salir de ese grupo para una mujer, a pesar de que ésta sea consciente de que no está bien allí y desee abandonar esa vida, hay que tener en cuenta que estamos hablando de una secta y las sectas nunca se lo ponen fácil a sus miembros cuando éstos quieren abandonar, se pueden enfrentar a una continua persecución y a amenazas que a otras nos pueden parecer patéticas pero que a esas mujeres con la autoestima ya tocada, que no han recibido una educación “normal” ni han aspirado a nada ambicioso en la vida, les provoca miedo y absoluta sumisión. Pero algunas de ellas han conseguido desvincularse de esto, y se han convertido en pioneras, ayudando a muchas otras a seguir sus pasos, mediante organizaciones que están a disposición de las afectadas para convencerlas a dar el paso definitivo, guiarlas en su huida, a ellas y a sus hijos si los tienen, ofrecerles un primer refugio donde comenzar y darles herramientas para buscar un buen trabajo y mejorar su formación y educación, porque en muchos casos son mujeres ermitañas ignorantes que no han desempeñado un trabajo remunerado en su vida. Las hay que dan el paso pero se quedan en el camino por miedo y otras que escapan pero que finalmente regresan a la comunidad, también por miedo. El miedo, si se sabe utilizar, es un arma de sumisión impresionante y los barones Kingston, por lo visto, saben cómo hacerlo.

Cartel del reality que defiende la poligamia
Esto no es una chorrada, no se trata de una “americanada” más, y por mucho poder que tengan los Kingston, los Allred, los FLDS o cualquiera de ellos, que burlan las leyes con respecto a sus negocios y las licencias matrimoniales y que venden un programa de telerrealidad a la vista de todo el mundo, llamado Sister Wives, que intenta convencer a los telespectadores de que el tipo de familia polígama que ellos practican es súper sano,  emulando a las series  del modelo de familia feliz de los años 60, que no os engañen, no son los Brady.